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Castillo de Arévalo

           Situado en La Villa de Arévalo, en la provincia de Ávila. Comunidad autónoma de Castilla y León.
Época de Construcción: Siglo XV.
Actualmente es propiedad del Ministerio de Agricultura y se encuentra completo y restaurado.
Fue silo de cereales, actualmente, se utiliza para Recepciones y Museo de Cereales


CONSTRUCCIÓN Y DESCRIPCIÓN MORFOLÓGICA DEL CASTILLO DE ARÉVALO

          La villa de Arévalo y su castillo, se encuentran a 50 kilómetros de Ávila, su capital de provincia. Para desplazarnos a visitar dicho castillo, saldremos de Ávila por la carretera N-403 de Ávila a Adanero, que nos conducirá hasta la N-VI, pasada esta población de Adanero, seguiremos por esta N-VI dirección Coruña y a unos 13 kilómetros nos encontraremos con la villa de Arévalo, que se encuentra ya en los confines de esta provincia de Ávila, en terrenos llanos y arcillosos que han configurado el material dominante en la construcción de su castillo, que no es otro que el, ladrillo, aunque también interviene la piedra.

          Un poco separado de la actual población de Arévalo, se alza este hermoso castillo, construido en el siglo XV, seguramente sobre las ruinas de uno anterior, enclavado en una elevación, en las
confluencias de los ríos Adaja y Arevalillo que le proporcionan una especie de foso natural, habiendo sobrevivido con mejor suerte que el recinto amurallado que partiendo del lateral de la torre del Homenaje y una vez rodeada toda la villa venia a terminar en el ángulo suroeste, donde todavía se puede ver el grueso muro de cal y canto revestido de sillares en la cara exterior, y donde se a añadido un gariton que nunca existió.

           El castillo es de planta pentagonal por adosar dos cuerpos: uno con forma de triangulo y otro de cuadrado. Posee cubos o torres de planta circular en tres de sus esquinas con apuntes de orejones, algo excepcional para la época de construcción, pues seria un elemento defensivo que pertenece a la fortificación abaluartada del siglo XVI.

           En otra de las esquinas se ubica la torre del Homenaje de planta cuadrangular con exterior en semicírculo dándola una forma de D, poseyendo tres niveles de pisos. Todo el conjunto se coronaba con un parapeto curvilíneo con troneras sobre arquillos ciegos volados, similares al de castillo vallisoletano de Torrelobaton.

           En toda la fabrica del castillo se puede observar dos tipos diferentes de aparejo constructivo que corresponden a dos épocas de edificación: La primera es de sillería, que corresponde a la época de don Álvaro de Zúñiga; y la segunda de ladrillo, en época del reinado de Fernando el Católico. El ingreso al castillo en la actualidad se hace por una puerta que no es la original, así como tampoco la ubicación de la misma. Antiguamente se accedía a trabes de un baluarte o barbacana en la mitad de un fosa, hoy sustituido por amplia explanada, el cual se salvaba por dos puentes: el primero de ellos entre el foso y la barbacana y el segundo entre esta y la fortaleza. La puerta de ingreso nos lleva al patio de armas que tras el tiempo, las restauraciones y también los usos, ha sido muy transformado.

           Después de muchos años de abandono con su consiguiente deterioro y ruina, es restaurado, (no con muy buen criterio), en 1.952 por el Ministerio de Agricultura para silo de cereales, reinventándose las almenas rectas en la torre del Homenaje, en vez de colocar el parapeto curvilíneo con troneras del siglo XVI, habiéndose añadido también un gariton, en el ángulo del muro opuesto a la torre del Homenaje, que nunca existió ya que en ese punto partía antiguamente la muralla que unía la fortaleza con la villa No obstante y pese a los cambios sufridos tras su restauración, el castillo de Arévalo sigue conservando su imponente imagen de fortaleza.


EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL CASTILLO DE ARÉVALO

          Conocemos la historia del castillo de Arévalo a partir del siglo XIV, fecha en la que el rey de Castilla, Pedro I "el Cruel", ordena el encierro de su legitima esposa, doña Blanca de Borbón, hija del duque de Borbón y de Isabel de Valois, con la que había contraído matrimonio en Valladolid el 3 de junio de 1.353. Tres días después de la ceremonia fue abandonada por el monarca que, con gran escándalo de la Corte, se reunió con Maria de Padilla en el castillo toledano de Montalbán. Comenzando así la desgraciada vida de Blanca de Borbón que no volvió a ver mas a su esposo, quien por medio de sucesivas ordenes a sus nobles, mantenía a la legitima reina alejada de su lado y cambiando continuamente de residencia o prisión por los castillos de Olmedo, Arévalo, Toledo y finalmente Medina-Sidonea, en donde a los veinticinco años de edad, fue asesinada por un
ballestero siguiendo ordenes del mismo rey.

           Tras la muerte en Montiel de Pedro I a manos de su hermanastro Enrique, se instaura en Castilla la dinastía Trastamara, y la villa de Arévalo que fue partidaria y fiel a la causa del Trastamara (quizás en oposición al rey como reacción por la reclusión de doña Blanca a la que el pueblo profesó un gran cariño), el Concejo de Arévalo, ¡levantaron un caserón muy grande, que con el nombre de Palacio ofrendaron a su rey¡.Fue construido en la plaza del Real, junto a la iglesia de San Juan, porque en las frecuentes estancias de los Reyes y las Cortes en la villa, no tenían lugar adecuado donde aposentarse.

           Durante el reinado del monarca castellano Juan II, Arévalo ya era una villa importante, por su destacado lugar económico, urbano y de población, y es entonces, y tras la boda del monarca en 1.420, cuando hace donación del señorío de Arévalo y Madrigal que había recibido de su madre, a su primera esposa Maria de Aragón, con la que tendría un hijo que llegaría al trono con el nombre de Enrique IV. Tras el fallecimiento de la reina, se caso en segundas nupcias con Isabel de Portugal, en 1.447, en la villa de Madrigal de las Altas Torres, donde nacería su hija Isabel, el 22 de abril de 1.451, es ahora cuando Arévalo es donado a la nueva reina Isabel de Portugal, hecho importante por ser Arévalo villa de realengo, de este matrimonio también nació el príncipe Alfonso, en la ciudad de Toro, que según disponía el testamento del rey, recibiría Arévalo, a la muerte de su madre.
El rey Juan II muere en Valladolid el 21 de julio de 1.454 y en su testamento destacan las cláusulas relativas a la educación, dotación y conducción a la Corte de sus dos últimos hijos: ¡...Mando que la dicha Reyna, mi mujer, sea Tutriz y administrador de los dichos Infantes don Alfonso y doña Isabel, mis hijos e suyos, e de sus bienes, fasta tanto aquel dicho Infante sea de edad cumplida de catorce años, e la dicha Infante, de doce años e que los rija e administre con acuerdo e consejo de los dichos Obispos de Cuenca e Prior fray Gonzalo mis confesores e del mi Consejo...¡¡...E quiero y mando que los dichos Infantes mis hijos se críen en aquel logar o logares que ordenase la dicha Reyna mi muy cara e muy amada mujer...¡. Aunque la Reina viuda tenia el señorío de la ciudad de Cuenca y las villas de Arévalo y Madrigal, en el testamento confirma expresamente la posesión de la villa de Arévalo.

           En Arévalo vive durante mas de treinta años la reina viuda Isabel de Portugal de la Casa de Avis, enferma desde la muerte de su marido, cuidada por su madre Isabel de Barceló, de la Casa de Braganza y acompañada por sus dos hijos Isabel y Alfonso. De su abuela, mujer de extraordinaria personalidad, recibieron en el palacio arevalense y en ambiente familiar, tan esmerada y extraordinaria educación, como sobria y sencilla, que proporcionaron la recia personalidad que caracterizo a los infantes, donde viven hasta el año 1.461 y aun muchos momentos después. Su abuela muere a mediados de 1.465 y fue enterrada en el Real Convento de San Francisco.

           Isabel fue en bastantes ocasiones centro de atención de bodas políticas, que su medio hermano Enrique IV,(que había iniciado su reinado en el año 1.454, cuando la infanta Isabel tenia tres años de edad), la mayoría de las veces concertaba según su interés.
Hay otro momento muy importante en este reinado que tuvo como protagonistas a Carlos de Viana y a la infanta Isabel. Un Carlos de Viana nieto de Carlos III de Navarra "El Noble" y del infante Fernando de Castilla, que había nacido el 29 de mayo de 1.421, hijo primogénito del rey Juan II de Aragón y de Blanca de Navarra, por tanto heredero de ambos reinos.

           El Príncipe de Viana, recibió a los emisarios que el rey Enrique IV de Castilla le había enviado con la propuesta formal de que se casara con la infanta Isabel, que en aquel momento contaba tan solo con nueve años.

           La diplomacia castellana en la persona de don Álvaro de Luna, se apunto un éxito con esta pretendida boda, pero su enemigo el Marques de Villena, haciendo doble juego político, dio al traste con la boda comunicando el hecho a don Fadrique Enríquez, Almirante de Castilla y padre de la segunda mujer de Juan II de Aragón.

           A la muerte del Príncipe de Viana, el reino de Aragón tenia otro sucesor que no era otro que el príncipe Fernando, hijo también de Juan II de Aragón y de su segunda esposa Juana Enríquez. El hermanastro de la princesa Isabel persiste en casarla según sus conveniencias políticas y el nuevo pretendiente fue don Pedro Girón, Maestre de Calatrava, (Isabel apenas tenia quince añosa de edad y el cuarenta y tres). Esta boda no llego a celebrarse por la muerte de don Pedro Girón en el pueblo manchego de Villarubia de los Ojos el 2 de mayo de 1.466, cuando se dirigía a Arévalo precisamente a pedir la mano de la princesa, (según parece ayudado por hierbas, es decir envenenado).
En el reinado de Enrique IV, se deteriora gravemente el gobierno y pronto se plantean problemas de sucesión que desencadenan en una guerra civil entre partidarios del propio rey y del infante Alfonso, su hermanastro. El conflicto se agrava y culmina con el destronamiento el 6 de junio de 1.465 de Enrique IV y la proclamación como rey de Alfonso en la denominada ¡Farsa de Ávila¡.

           Este mismo año, Juan Pacheco, Marques de Villena y partidario de don Alfonso, se apodera de Arévalo. Los leales a Enrique IV, aconsejados por el Arzobispo de Toledo, intentan recuperar Arévalo, principal punto de apoyo del Marques de Villena al norte de los puertos. Enrique IV, reúne sus tropas en Medina del Campo el 27 de mayo de 1.465, pero las fuerzas que el Almirante y el Obispo Carrillo habían prometido no llegaron y en esta situación el ataque a Arévalo, defendido por el adelantado Juan de Padilla y el Obispo de Burgos Luis de Acuña, constituyo un autentico fracaso.

          La villa de Arévalo durante este efímero doble reinado, fue el centro de operaciones y protagonista de todos los actos que el rey Alfonso XII realizara, pues se consideraba protegido no solamente por las fuertes defensas de la villa, sino por los propios arevalenses, gran numero de nobles y el amparo de su madre. La corte del joven rey, fijada en Arévalo, estaba compuesta por mas de doscientas personas a su servicio. Era una corte de poetas, como la de su padre, destacando Jorge Manrique, Arévalo como centro de corte, vivió momentos de gran importancia militar, como cuando el Conde de Alba, reunió en la villa a trescientos hombres de armas, doscientos jinetes y cerca de dos mil quinientos peones entre ballesteros y piqueros.

           El rey muere en Cardeñosa el 5 de julio de 1.468, de una forma misteriosa, con apenas catorce años y surgiendo como símbolo de libertad y esperanza para esta Castilla en tan grave anarquía,
Jorge Manrique el poeta militar de noble familia, compuso unos versos que reflejan fielmente lo que Alfonso XII, Rey de Castilla, pudo ser:

Mas como fuese mortal,
metiolo la muerte luego
en su fragua
¡OH juicio divinal!,
cuando mas ardía el fuego,
echaste agua.

          El Obispo de Coria se encargo de trasladar por ultima vez el cuerpo de Alfonso hasta su Arévalo, al convento extramuros de San Francisco de la Observancia, junto a la tumba de su abuela Isabel de Barceló.

           Durante los enfrentamientos de la realeza con la nobleza, y en represalia por que Arévalo fue fiel al infante Alfonso, Enrique IV, la arrebato la propiedad a su madrastra la reina Isabel de Portugal, y concede Arévalo y su tierra a Álvaro de Zúñiga, para premiar su lealtad, y al que había prometido la donación de Trujillo, entregándosela definitivamente al no poder donarle Trujillo, y es este personaje el que reedifica o levanta el actual castillo según señala en su testamento. Álvaro de Zúñiga apoyara a Juana la Beltraneja y a su marido Alfonso de Portugal como herederos del trono castellano a la muerte de Enrique IV. Por esta razón, en 1.475, los Reyes Católicos ordenan confiscar sus posesiones. Entre los años 1.476 y 1.480, Zúñiga y los Reyes Católicos negocian su compensación por Arévalo y finalmente la villa pasa a la Corona a cambio de 450.000 maravedíes y el maestrazgo de Alcántara para su hijo.

           En 1.496 la reina Isabel la Católica confirma, a petición de la villa, los privilegios concedidos por reyes anteriores "y da fe y palabra real de no enajenar a la citada villa conforme se prometió cuando Juan II se la entrego a la reina Isabel, su mujer".En 1.504 y a la muerte de Isabel la Católica, su esposo Fernando el Católico realiza obras en el castillo que se alargan hasta 1.517, la intención de Fernando el Católico pudo ser, en un principio asegurar la posesión real de la villa, y nombro alcaide a Juan Velázquez, uno de los servidores mas leales de la reina Isabel, contador mayor y albacea de su testamento junto al señor de Coca, Antonio Fonseca.

           De esta forma el rey Católico se aseguraba dos apoyos fundamentales en el corazón del reino, en una época de notable precariedad de su influencia en Castilla donde, al menos nominalmente reinaba su hija Juana la Loca. No es extraño por tanto, que los albañiles que labraban Arévalo tuvieran el mismo origen sevillano que los que trabajaban en Coca en esa época y esto explicaría algunas de las semejanzas estilísticas entre ambos castillos.

           La lealtad de Juan Velázquez se puso de manifiesto en 1.516, cuando Carlos I, dona la villa a Germana de Foix, segunda esposa de Fernando el Católico, y a la que este había dejado unas rentas en el reino de Nápoles, que el Emperador cambia por Arévalo, Madrigal y Olmedo. Velázquez se hace fuerte en la villa, "aperciviose con vastidas y otros pertrechos y valiéndose de los dos ríos que pasan por aquella villa hizo un palenque muy fuerte desde el que uno hasta el otro con que se aseguro los arrabales y fortificose con artillería". Las tropas reales cercan la villa e intentan en vano tomarla. Los de Arévalo esgrimen los privilegios dados por todos los reyes y confirmados por la reina Católica.

           Especialmente se acogen al de Fernando IV en 1.311, que literalmente decía: "si por aventura acaeciere que nos o los que después de nos reynaren, diésemos la villa de Arévalo...tenemos por bien e mandamos vos que no lo fagades, ni lo cúmplales, e que vos defendades de aquel o de aquellos que vos tales cartas llevaren; e si en alguna pena cayeredes por esta razón, nos vos lo quitamos desde ágora".

           En la defensa participa San Ignacio de Loyola, en aquel tiempo soldado de Juan Velázquez. En febrero de 1.517, muere defendiendo la villa el hijo mayor del alcaide y , finalmente, en marzo de ese año, agotados los recursos de los defensores, la villa capitula.

           En 1.520, Carlos I reflexiona y "por ende, de nuestra cierta ciencia e poderío real absoluto, de que queremos usar e usamos, declaramos aver seydo e ser ninguna e de ningún afecto e valor la merced que de la villa aviamos fecho.

           Durante el periodo de la guerra de las Comunidades, 1.520-1.521, la fortaleza de Arévalo tenia una importante guarnición, que acompaña a Alfonso Fonseca cuando este va sobre Medina del Campo, para intentar apoderarse del parque de artillería que controlaban los comuneros. Finalizada esta guerra, un año después, el rey Carlos I, manda reparar la fortaleza, maltrecha por los últimos acontecimientos, gastándose la cantidad de 100.000 maravedíes en ello.

           En el año 1.592, vive prisionero en sus habitaciones el príncipe de Orange, don Guillermo de Nassau o Guillermo Frison y su custodio el capitán don Diego Osorio.

           En octubre de 1.808 Arévalo es tomado por las tropas francesas al mando de el Comandante Guerruty, sin apenas oposición militar, ya que la mayoría de los hombres se encontraban enrolados en el bando español.

           Abandonado como otros tantos castillos fue arruinándose poco a poco, para llegar a convertirse en cementerio. Hasta que en 1.952, el castillo de Arévalo es adquirido por el Ministerio de Agricultura, que lo restaura y convierte primero en silo de cereales y luego en nuestros días en centro de reuniones, actos sociales y museo de cereales.