| Situado
en La Villa de Medina del Campo, Valladolid. Comunidad de Castilla y León.
Construido entre los siglos XIII al XV.
Actualmente es propiedad de la Junta de Castilla y León.
Actualmente se encuentra completo y restaurado y se usa para cursos, seminarios
y congresos.
CONSTRUCCIÓN
Y DESCRIPCIÓN MORFOLÓGICA DEL CASTILLO DE LA MOTA
La
villa de Medina del Campo donde se encuentra este singular y bello castillo
de la Mota, dista de la capital de la provincia Valladolid, 52 kilómetros.
Para llegar a Medina del Campo, hay que salir de Valladolid por la carretera
E-80, (que a su vez nos hará pasar por otro bonito castillo de
esta provincia, el de Simancas, que mas adelante estudiaremos) siguiendo
esta carretera y un poco antes de llegar a Tordesillas cogeremos la N-VI,
dirección a Madrid y a 23 kilometros nos encontraremos con la villa
de Medina del Campo y su impresionante castillo de la Mota, que se alza
sobre un dilatado paisaje cuyas caracteristicas son la planitud de sus
campos y el oleaje verde o rubio según la madurez de sus trigos,
en un horizonte casi ilimitado.
El castillo
actual aprovecha una esquina del recinto de la villa vieja, construido
en hormigón de cal y canto, y de similares características
a otros recintos de la repoblación de finales del siglo XII y principios
del XIII, como el de Olmedo. La puerta mudéjar que se conserva
en este recinto, atrapada dentro del castillo, y el forro de las torres
primitivas con fábrica de hormigón y verdugadas de ladrillo
recuerdan también a algunas puertas de Olmedo y a la muralla de
la vecina villa de Madrigal, y podría fecharse a finales del siglo
XIII, o principios del XIV.
De las
obras que al parecer hizo el infante don Juan de Aragón, hacia
1.433, solo se conservaría el relevante de una de las torres rectangulares
de la muralla vieja, cuyo arco posterior ciega el muro del castillo de
Enrique IV. La obra de este rey, identificada con la torre del Homenaje,
que le atribuyen hacia 1.460, debía estar acabada en 1,468, cuando
explícitamente es citada en la donación a su hermana Isabel
"reciba la villa de medina del campo e alcazar della e con la torre
de la mota".
La torre del Homenaje, tiene planta cuadrada y es de gran elevación,
mide 38 metros de altura y 13,5 metros de anchura en cada lado de su perímetro
exterior, y unida a los muros del segundo recinto forma el angulo norte
del mismo, defendiendo la puerta de entrada que da al Patio de Armas.
La torre estaba exenta de la edificación interior del castillo
y solo se podía entrar por medio de una escalera móvil,
un puente giratorio, o por cualquier otro medio fácil de cortar
en tiempos de guerra.
Edward Cooper
opina que se accedía a la torre desde el adarve norte, por una
puerta que en obras posteriores se convirtió en ventana. Fernando
Cobos cree que aunque esta fuera la primitiva entrada al Homenaje se debió
anular durante las obras realizadas por los Reyes Católicos, y
que se haría otra entrada que comunicaría con el interior
del castillo por una pasarela sobre el patillo de entrada de forma que
no estuviese tan expuesta a la artillería como la primera.
La torre del Homenaje, consta de cinco plantas en la actualidad; la primera
y segunda, están reconstruidas, son octogonales, con bóveda
plana. La tercera, también reconstruida, es un cuadrado con bóveda
de plena cimbra. Sobre estas se encuentra la mas bella e interesante de
todas, reformada por una estancia de planta cuadrada que se transforma
en un octágono por medio de semibovedas de aristas o trompas, que
cierran los ángulos del cuadrado y después de un polígono
de 16 lados montado en una arquería volada de planta triangular,
abriéndose cada arquito sobre una base que va disminuyendo desde
arriba hacia abajo hasta terminar en punta.
También
de planta cuadrada y bóveda de claustro es la estancia del mas
alto de los pisos existentes, transformándose en un octágono
por medio de unas pechinas planas situadas en los ángulos del cuadrado.
En la plataforma
de la torre hay matacanes a lo largo de cada una de sus fachadas protegidos
a su vez por ocho garitones que forman ángulos entrantes en esta.
En el centro se levanta una torre caballero de arcos de medio punto, este
caballero, que a juzgar por algunos indicios de la traza de la torre,
debe ser coetáneo a esta, contribuyó decididamente a convertir
a la torre del Homenaje de la Mota en una de las mas altivas y posiblemente
mas bellas de la época, junto con la del alcázar de Segovia,
cuyas disposición de garitas recuerda.
El castillo
así construido era realmente un atajo en una esquina del vasto
recinto de la Mota, formado por dos lienzos perpendiculares y una gran
torre del Homenaje en su esquina. Pese a la irregularidad, provocada por
aprovechar parte de la muralla, el edificio resultante responde a las
características de los castillos de la Escuela de Valladolid. Resulta
singular, sin embargo, que el muro que arranca desde la torre del Homenaje
en dirección a la puerta mudéjar se trazó con la
intención de que el nuevo recinto englobase un pozo preexistente,
sobre el que el muro pasa, practicándose una chimenea en su interior,
para permitir su uso. Un brusco giro del muro, apenas sobrepasado el pozo,
permitía que la puerta primitiva continuara en servicio al exterior
del castillo, integrándose sin embargo las torres de la puerta
en las defensas del castillo y otorgándose a este el control del
paso. Interiormente el castillo tenia un patinillo defensivo alrededor
de la torre del Homenaje, y sobre el volaba un puente levadizo, hasta
un acceso elevado de la torre, a la manera del castillo de Mombeltran.
Las escaleras empotradas en los muros por las que actualmente se accede
a la torre del Homenaje son falsas y se construyeron en las restauraciones
de 1.913 y 1.940.
Este fue
posiblemente el castillo que sufrió los ataques de 1.467 y, casi
con seguridad, el asalto de 1.473. Los impactos de bolaños de artillería
que el recinto, y especialmente la torre del Homenaje, presentan deben
de tener este origen, por cuanto no se ha documentado ningún otro
ataque posterior.
La construcción
de la barrera artillera por los Reyes Católicos, supuso la destrucción
del recinto de la villa vieja externo al castillo de Enrique IV, rodeando
a este con sus fuertes muros y su profundo foso. La obra realizada para
este
fin hizo del castillo de la Mota la fortaleza artillera mas avanzada de
Europa. Los trabajos duraron 7 años (1.476 - 1.483), costo algo
mas de 4 millones de maravedíes (una suma respetable para la época),
y sus artífices fueron el maestro Fernando, un artillero de los
ejércitos reales y el maestro Abdalla, un alarife mudéjar.
La barrera con sus cuatro niveles de tiro, sus mas de doscientas bocas
de artillería, sus sistemas de ventilación y sus galerías
intramuros (mas de medio kilómetro), la convirtieron en la fortificación
mas avanzada de su época. Aparte del tiro de flanqueo mas bajo
de los torreones, que esta parcialmente tapado por las tierras que rellenan
el foso, tiene otras tres líneas de fuego.
La inferior,
por debajo de la cota de coronación de la contraescarpa, esta formada
por una galería abovedada con multitud de cámaras de fuego
que la recorren por dentro paralela a la muralla, con un cuidado sistema
de comunicaciones, que se resume en el juego de su doble puente levadizo
tendido sobre el foso y la poterna que establece contacto con el exterior.
La intermedia es la línea de cámaras de tiro de la liza.
La superior sobre el adarve y los torreones angulares que por su extensión
permitían el emplazamiento.

Su planta
se adapta al perímetro del edificio preexistente, desplazando los
lienzos que forman una de sus esquinas, para "dejar sitio" a
la torre del Homenaje, a la manera del castillo de Portillo o Caracena.
La torre de esta esquina, con sus tres bóvedas esféricas
y sus huecos de ventilación, es la mas fuerte de la barrera y presenta
la singularidad de desplazarse ostensiblemente hacia el exterior, para
posiblemente cubrir mejor los flancos, en el punto mas expuesto de la
fortaleza. En la parte mas externa de esta torre se conserva un pozo que
además de surtir agua para refrigerar los cañones , debió
de tener, dada su posición, funciones contraminas. El problema
de refrigerar los cañones se soluciono en la liza abriendo un nuevo
pozo que, mediante una galería subterránea, comunicaba con
el viejo pozo de la torre del Homenaje.
El elemento
mas singular de toda la barrera es el cuerpo de entrada, con su patinillo
defensivo, su gran sala abovedada inferior "verdadero corazón
de las defensas subterráneas" y la impresionante mazmorra
que hay bajo ella. Una escalera recuperada en las ultimas restauraciones,
permite acceder desde el patinillo a la cámara subterránea
y desde esta, bordeando la mazmorra, se llega a la poterna que permitía
bajar al foso. El puente levadizo de este cuerpo de entrada basculada
sobre un arco diafragma, "ahora reconstruido" y apoyaba sobre
la parte interior de un baluarte exento en mitad del
foso y que las ultimas obras han recuperado parcialmente.
El castillo
tuvo continuos problemas de conservación
y las memorias de obras conocidas nos dan mucha información sobre
su distribución original. En 1.550, se reparaban los "dos
puentes levadizos que son la grande como entramos en la fortaleza y la
pequeña es por do a suben a la torre del homenaje con su tejado".
En 1.649, se reconstruía el puente fijo exterior del baluarte,
cuyas medidas coincidían con los apoyos encontrados en las ultimas
obras de restauración, y se recalzaban las fabricas de la barrera.
En 1.774, se reconocía el castillo por orden del marques de Esquilache
y le informaban entre otras cosas de que "por no estar revestida
la contraescarpa del foso se han derruydo tanto las tierras que puede
vajarse por todas partes". Entre 1.806, fecha del plano de Julián
Ayllón, y en 1.848, fecha del plano del cuerpo de Ingenieros del
Ejercito, el castillo había perdido una de las torres de la barrera,
al parecer volada, posiblemente en la guerra de la Independencia cuando
se intento utilizar la fortaleza, destruyendo parte del baluarte e intentando
volar sin éxito el lienzo sur.
El castillo que hoy tenemos debe su imagen a un largo proceso de restauración,
aun en curso, iniciado a raíz de su declaración como monumento
nacional, en 1.904, entre 1.905 y 1.914, bajo las ordenes del arquitecto
D. Teodosio Torres, se reconstruyeron las almenas y los parapetos, a imitación
de lo poco que se conservaba original, se remataron los muros y repusieron
el solado de los adarves y las torres.
En 1.915 el Ministerio de Instrucción Publica y Bellas Artes, inició
una obras de reparación del castillo, cuyo proyecto encargo a D.
Juan Agapito y Revilla. Las obras se realizaron en varias etapas (1.916-1.918
y 1.928-1.930), se consolidaron muchos elementos débiles y se dió
acceso cómodo y fácil a ciertos elementos del castillo,
como la barrera, las galerías subterráneas y la torre del
Homenaje, en esta se hizo un proyecto de reconstitución total de
la torre caballero, pero este proyecto no cuajo y solamente se reconstituyeron
los antepechos y el almenado.
En 1.930, hubo otro intento de restauración del castillo bajo la
dirección de D. Antonio Prats y Rodríguez del Llano, se
realizaron importantes excavaciones documentando la cimentación
de un muro delante de la puerta del recinto interior. En Mayo de 1.939
el castillo de la Mota fue cedido por el Jefe del Estado a la Sección
Femenina para que lo restaurase y dedicase a fines formativos y culturales,
iniciándose inmediatamente las obras. El 21 de Julio, por medio
de una Orden Especial, se encargo de la reconstrucción del castillo
a D. Pedro Muguruza y Otaño, Comisario de Defensa del Patrimonio
Artístico Nacional, que nombro al arquitecto D. Francisco Iñiguez
Almech y a D. Pedro Hurtado Ojalvo como aparejador-ayudante. La dirección
artística corrió a cargo del marques de Lozoya, en una reconstrucción
que respeto básicamente las trazas de la distribución domestica
original, salvo el patinillo de entrada y los accesos a la torre del Homenaje,
distorsionando al adosar a esta las construcciones domesticas modernas.
En 1.992 se creo el programa de documentación y diagnostico del
Plan Director, poniéndose al frente D. Fernando Cobos Guerra, con
la ayuda del arquitecto Ignacio García de Tuñón y
el documentalista Antonio Andrade, se levantaron planos completos de todo
el edificio, se analizaron las distintas fábricas y elementos constructivos
de cada época y se rastreó en diferentes archivos (Simancas,
Alcalá, H.P. Valladolid, H. Militar, etc), esta documentación
acompañada de unas metódicas excavaciones, han servido para
poner de manifiesto la, hasta ahora oculta, grandeza del edificio histórico,
valorar en definitiva y en todos los sentidos, el castillo de la Mota,
permitiendo que sea reconocido como una de las obras de arquitectura militar
mas importante del Renacimiento europeo.
La entrada
a la fortaleza esta defendida por dos robustos torreones, comunicados
en sentido vertical. Al recinto interior se accede por una puerta con
arco de medio punto que da al Patio de Armas. En el zaguán hay
una lápida que conmemora el IV Centenario de la muerte de la reina
Isabel la Católica, y un repostero del siglo XVIII, cuyo tema es
la exaltación del descubrimiento de América, con los escudos
de los Reyes Católicos, de Cristóbal Colón y de los
hermanos Pinzón.
El Patio de Armas se organiza por medio de tres crujías que se
abren al patio por una serie de arcos apuntados, reproduciendo las trazas
originales de las dependencias del castillo. La portada gótica
es un vaciado de la que mando poner Beatriz Galindo, la Latina, en el
Hospital de Madrid que llevaba su nombre. El original de esta portada
es obra de un artista árabe, el alarife Hazan. Esta hecha al gusto
musulmán, como lo indica la curva del arco de ingreso, que luce
una decoración de bolas, estatuillas bajo lindos doseles y realzando
el conjunto una airosa ventana, todo ello encuadrado dentro de un alfiz
de tipo naturalista. Se representa el abrazo de S. Joaquín y Sta.
Ana ante la Puerta Dorada, los timbres de los Ramírez y los Galindo,
y estatuas de dos santos. La colocación de esta portada en el Patio
de Armas se debe al marques de Lozoya.
La capilla
es románico-mudéjar, sugerida por F. Justo Pérez
de Urbel. Sobria y serena de líneas, ajustada a las normas de la
mas pura liturgia y simbología cristiana. Es una de las dependencias
mas bellas del castillo. En el altar mayor hay un sencillo retablo con
bajorrelieves que representan a seis santos españoles: S. Raimundo
de Fitero, Santiago Apóstol, S. Fernando, Sta. Teresa de Jesús,
S. Isidro y S. Isidoro. también hay un sagrario de plata de forma
basilical y líneas románicas. Corona este retablo un Cristo
de marfil del siglo XVI con cruz de forja. En los laterales hay dos imágenes:
Santa Maria del Castillo y San José, obra del escultor José
Clara, son conocidas como el "grupo de la Mota", están
talladas en un tronco de cerezo cuya tonalidad armoniza con el ladrillo
de la construcción. En el lado izquierdo del crucero hay un tríptico
flamenco que unos críticos atribuyen a Memling y otros a Van Eyck
(es propiedad del Hospital de la Inmaculada Concepción y San Diego
de Alcalá, Patronato de Simón Ruiz Envito, de Medina del
Campo). En el lado derecho hay una talla de Santa Teresa del siglo XVII,
procedente del taller de Gregorio Fernández. En la zona de los
pies de la capilla hay una tabla catalana con influencia italiana del
siglo XV.
El vestíbulo esta decorado con una copia de la Carta de Juan de
la Cosa, pintada por Viladomat sobre tela, reproducción de la del
Museo Naval de Madrid, y una talla de madera procedente de Haití,
es un tronco que representa a un indígena con tambor y dos figuras
laterales.
A la planta
noble se accede por una escalera de Honor, de estilo gótico flamígero,
copia también de la del Hospital de la Latina citado. En esta planta
esta el salón de Honor, con acceso a una de las torres rectangulares,
una pequeña sala de siete metros de longitud por dos de anchura
llamada "el mirador o peinador de la Reina", en recuerdo de
doña Juana la Loca, donde dicen que se pasaba largas horas esperando
el retorno de su amado esposo; esta cubierta con bóveda ojival
de cañón seguido, orlada de tercerías góticas
y rosetones, en ella quedan restos de la primitiva policromía.
En los tímpanos de la bóveda campeaban los emblemas de los
Reyes Católicos, que en la actualidad apenas se perciben. El salón
esta decorado con yeserias que representan los mismos símbolos
que hay en el mirador de la Reina.
La construcción
de este singular castillo demuestra la unión de la técnica
árabe con las trazas europeas de sus fabricas, que dan al edificio
un especial sello artístico.
EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL CASTILLO DE
LA MOTA
La
villa de Medina del Campo, tiene una peculiar fisonomía, producto
de su acerba histórico-artístico y de su esplendoroso pasado,
ambos elementos la dotan de una extraordinaria personalidad. Esta personalidad
se desprende de sus bellos y magníficos monumentos, de su típica
plaza portificada y de su castillo de la Mota, voz que significa "eminencia
de poca altura que se levanta sola en un llano", y puede que no haya
denominación que encaje mejor a este lugar de la tierra rasa de
Castilla, en que se yergue fornido, pero majestuoso y elegante como una
atalaya, con la silueta mas peculiar de los castillos españoles.
Su conjunto, su entorno, la historia y la leyenda que le rodean hacen
de el uno de los mas bellos exponentes de la fortaleza militar.
El origen de la fortaleza de la Mota, es difícil esclarecerlo.
El solo nombre de "Mota" señala por si mismo una gran
antigüedad, porque corresponde a una variedad de fortificación
anterior al siglo XII, son varios los historiadores que nos dicen que
los orígenes de este castillo hay que buscarlo en la ciudadela
levantada por los romanos para defender los caminos del sistema central
peninsular, (aunque sin poseer datos muy fidedignos), este primer enclave
militar daría paso a la que luego va a ser importante plaza de
Medina, de tal manera que de muy antiguo se encontraba fortificada y amurallada.
Los historiadores
de Medina del Campo vinculan su origen a la figura de Andrés Voca.
Este personaje aparece en algunas Crónicas, como la de Pedro Niño,
conde de Buelna, obra de Gutiérrez Diez de Games, que lo incluye
con los tercios medinenses en la batalla de las Navas de Tolosa. Pese
al relato son muchos los que dudan de su existencia, pero en Medina se
forjó esta leyenda que todavía se recuerda. Cuenta la tradición
que en los últimos años del siglo XII, en tiempos del rey
Alfonso VIII, vivía en Medina un rico labrador llamado Andrés
Voca, que poseía mas de 200 yuntas de bueyes y que tenia muchos
operarios destinados a trabajar sus tierras y a construir y reparar los
aperos de labranza. Era Voca tan buen vasallo que asistió con sus
gentes a la funesta jornada de Alarcos y a la famosa de las Navas de Tolosa.
Pero, mas tarde, envidiado por sus vecinos fue denunciado al rey como
fabricante de moneda dando algunas falsas razones que tenían cierta
apariencia de verdad. El rey que lo tenia en buen concepto por sus servicios
anteriores no hizo caso de la denuncia, pero pudo tanto en el la maledicencia,
que al fin llego a dudar y llamándole a su palacio le requirió
para que declarase si era cierto el delito que se le imputaba, a lo que
Voca contesto:
Señor, quien lo ha dicho dijo la verdad; pero suplicola que ya
que yo he confesado y mi delito esta relevado de prueba, que antes que
se proceda contra mi, V.A. me haga una merced, y es que al amanecer, se
digne visitar mi casa
para que pueda ver el medio que tengo de fabricar moneda, y prometo a
V.A. que por la vida y por la honra que me hace al visitarla he de corresponderle
yo con un gran servicio.
Al rey le gusto mucho la respuesta de su vasallo, y excitada su curiosidad
le prometió cumplir sus deseos; y así lo hizo. Entro en
su patio muy grande rodeado de fraguas donde una multitud de operarios
estaban trabajando, mientras otros salían con sus yuntas a labrar
la tierra; el rey quedo admirado de ver tanta obra en casa de un labrador,
comprendiendo entonces la grandeza de Andrés Voca, y este le dijo:
Señor, vea V.A. de la manera que se hace moneda en mi casa; pero
en pago de la merced que me ha hecho al honrarla con su presencia, prometo
poner por el suelo el castillo viejo que esta en la ciudadela y havcer
uno nuevo que desde los puertos de mar hacia la tierra adentro no se halle
otro como el. Añade la historia que el honrado Andrés Voca
cumplió fielmente su palabra y construyo un castillo que constaba
de cuatro paredes muy fuertes, rematado por unos robustos estribos y coronado
de almenas. Pero dejando aparte la leyenda y las hipótesis, lo
que si sabemos es que la villa debió ser repoblada entre los años
1.070 y 1.080, fortificándose primeramente el recinto de la villa
vieja, conocido como la Mota, con el crecimiento de la ciudad, el recinto
de la Mota quedo convertido en una fortaleza independiente de la propia
villa.
Las
primeras noticias del castillo de la Mota aparecen en la Crónica
de Pedro I EL Cruel, donde Pero López de Ayala refiere, que el
conde D. Enrique de Trastámara con la ayuda de D. Juan Alfonso
de Alburquerque y otros muchos ayunto la gente que pudo a salió
de Toro e fue por tomar la Mota de Medina, e non pudo, que la defendió
Men Rodríguez de Benavides, que estaba dentro. Y añade,
entraron por fuerza en Medina del Campo la víspera de S. Miguel,
de septiembre y que los 600 de a caballo enviados por D. Pedro se acogieron
al castillo de Medina llamado de la Mota. Esto ocurría pocos años
antes de 1.350, en 1.354 la fortaleza se convierte en prisión para
la desgraciada doña Blanca de Borbón por orden de su esposo
Pedro I el Cruel, hija del duque de Borbón y de Isabel de Valois,
con la que contrajo matrimonio el 3 de Junio de 1.353. Por Medina del
Campo y su castillo de la Mota, pasaron todos los personajes importantes,
tanto de la realeza como de la clase nobiliaria y religiosa de Castilla,
pero durante unos años esta en manos de Navarra, a causa del matrimonio
de don Fernando de Antequera con Leonor de Alburquerque, la llamada Ricahembra
castellana, dueña de un inmenso patrimonio, cuando recae sobre
ellos la corona de Aragón, tras el compromiso de Caspe, sus hijos
pasan a convertirse en Infantes de ese reino y a la muerte de sus padres,
en herederos de sus estados. El segundo de ellos, Juan, que recibe Peñafiel
y Medina, contrae matrimonio con Blanca de Navarra, entrando así
la Mota en la influencia del reino pirenáico, en tiempos de este
rey navarro, que luego fue también rey de Aragón y padre
del futuro Rey Católico, se realizaron varias obras en el castillo
de la Mota, interviniendo en las obras el obrero mayor Carreño.
En la primera mitad del siglo XV, Castilla es escenario de disturbios
y guerra de banderías, especialmente durante el reinado de Juan
II de Castilla, a causa de la debilidad del rey y encumbramiento y valor
de su privado don Álvaro de Luna. Los enfrentamientos se producen
entre el rey de Castilla y los Infantes de Aragón apoyados por
gran parte de la nobleza castellana, que va acrecentando su poder, formando
un partido o Liga. Estos choques convirtieron a Medina en un baluarte,
pasajero, hostil al monarca castellano, por eso Medina y su castillo de
la Mota son nombrados con frecuencia en las Crónicas de Juan II
de Castilla y Enrique IV el Impotente.
En Mayo de
1.429 el rey de Castilla, en una rápida campaña de tres
semanas conquista Medina del Campo, Cuellar y Olmedo, las tres claves
de la posición económica del rey de Navarra, pero mas tarde,
en 1.430, se firma una tregua por la que se respeta el inmenso patrimonio
de los infantes de Aragón. Apenas firmada ésta el hecho
de la prisión de Pero Manrique que desata nuevamente la revuelta.
Los rebeldes se apoderaron de Valladolid y a ellos se unieron de nuevo
los infantes de Aragón; esto fue el comienzo de una guerra que
había estado adormecida y que duro bastantes años. Juan
de Navarra intente derribar la privanza de don Álvaro de Luna cercando
al rey de Castilla en Medina del Campo, en su auxilio acudió el
Condestable, pero una traición abrigo a los realistas a abandonar
la villa.
En 1.433,
el señorío de Medina del Campo y su castillo de la Mota,
seguía en poder de Juan de Navarra ya que existe una provisión
dada en Madrigal, por la que condena a ciertos vecinos a pagar dos mil
maravedíes de pena para la obra de nuestro alcázar e fortaleza
que nos mandamos facer en la Mota.
En 1.438,
la situación en Castilla empeoro de tal forma que los nobles llamaron
al rey de Navarra, y con este motivo las discordias aumentaron tomando
un carácter belicoso. Las revueltas fueron muchas. Los de la Liga
contra el rey, o mejor dicho, contra don Álvaro de Luna, trataron
de apoderarse de las plazas en las que el Condestable tenia algún
mando o influjo, y se fortificaron cada uno en sus castillos preparándose
para la lucha. El rey de Navarra, por quien estaba Medina y su castillo
era el mas comprometido, y es natural que pensara defenderse en Castilla,
adquiriendo un refugio para sus gentes. Dadas la intenciones del rey de
Navarra este realizó como ya hemos indicado anteriormente importantes
obras de consolidación y reforzamiento, a si como las construcción
de la barbacana en el castillo de la Mota, donde participo el obrero mayor
Fernando Carreño, estas obras han producido siempre algunas confusiones
porque algunos se las atribuyen al rey Juan II de Castilla, pero también
pudo hacerlas Juan II de Navarra y Aragón, señor de Medina
del Campo. Es fácil que la semejanza de ambos nombres y ordinales
estableciera este error, ayudado por la falta de investigación
en los archivos de Aragón y Navarra.
Hacia primeros
de mayo de 1.441 ya se habla de la Mota como de una importante fortaleza.
Era tan inexpugnable que el rey de Castilla solo pudo tomarla por medios
de acuerdos con los de la villa, a los que había prometido la dispensa
de la pesada contribución impuesta por el rey de Navarra, a estos
acuerdos se unió la necesidad de agua y alimentos que padecían
los del castillo. Las vistas de Gomeznarro, en las afueras de Medina,
sirvieron de cobertura al rey para ejecutar dos golpes:
la toma de Olmedo y la rendición del castillo de la Mota en la
propia Medina. Según se lee en la Crónica de Juan II de
Castilla: "partió el Rey de Cantalapiedra para Medina del
Campo, con trato que tuvo con algunos de la villa, de que le acogerían
é llegó a Medina bien de mañana, é luego le
abrieron las puertas aquellos que tenían el trato, sin detenimiento
alguno; y entrando fue á adorar la Cruz á la iglesia de
Santantolín, é oyó Misa.Y termina diciendo: Antes
que la respuesta de don Fernando de Rojas hijo del conde de Castró,
viniese, se había metido en el trato con los de la Mota de parte
del Rey, Fernando Álvarez de Toledo, conde de Alba; é porque
en la Mota estaban doscientos é cincuenta hombres de pelea é
no tenían abastecimiento de pan ni menos de vino, é muy
poco agua, é de malos pozos, é sabían en cómo
e l Rey los comenzaba a minar, o viéronse de concertar con él,
de entregar la fortaleza de la Mota, en esta manera: que el Rey viniese
por su persona á tomar la Mota, por una puerta que está
contra á San Juan del Alcoba (Azogue) y que otros saliesen por
otra puerta que sale á la puerta de Arciles (Arquillo), é
se fuesen á Pozal de Gallinas, aldea de Medina, é dende,
adonde quisiesen. Y el trato así asentado el Rey vino a la Mota
é fue apoderado de ella é dejó en ella por guarda
que la toviese por él, a Gonzalo Guzmán, señor de
Torrija". Pero la contienda termino de un modo inesperado. Se encontraba
el Rey en Medina del Campo con un reducido numero de nobles y gentes de
armas, cuando conocedores de esta situación el ejercito de la Liga
al mando del Rey de Navarra, pusieron sitio a la villa de Medina aprovechando
su superioridad de fuerzas, con las que dentro de la ciudad disponía
el Rey para su defensa. Pero de manera incomprensible; pues ni los historiadores,
ni los cronistas, ni el mismo campamento de los Infantes supo como fue,
al día siguiente de sentarse en las dehesas de Medina el campamento
(9 de junio de 1.441), don Álvaro de Luna, su hermano el arzobispo
de Toledo y el maestre de Alcántara, con un regimiento de mil quinientos
hombres a caballo, entraron en la ciudad sobre la media noche, sin que
los enemigos que estaban fuera les llegasen a estorbar.
Aquel auxilio, tan importante y tan oportuno, llenó de optimismo
el animo de los caballeros que velaban almas con el Rey, sin atreverse
salir de la ciudad, conscientes de que su fuerza frente al enemigo era
mucho menor. Desde este momento las escaramuzas se fueron sucediendo,
pero sin decidirse por ninguna de las dos partes a dar principio a la
batalla. Pero una serie de conspiraciones, hábilmente manejadas
por el Rey de Navarra, que contaba con muchos amigos y servidores en la
villa, fructificaron que en la noche del 28 de junio le procurasen la
entrada al ejercito sitiador. ¿Acaso fue un descuido? No es fácil.
¿Fue quizás que los amigos del Rey de Navarra tenían
comprados a los vigilantes de Medina? Posiblemente. Es cierto que la muralla
fue abierta desde dentro por dos sitios distintos aquella noche, uno a
cada lado de la ciudad, con unos boquetes por los que pudo entrar toda
la tropa de los confederados, hombres y caballos. Por uno de los agujeros
abiertos en la muralla entraron seiscientos hombres de armas al mando
del rey de Navarra. Por el otro paso el infante don Enrique con el resto
de los caballeros y hombres de armas de su ejercito. El griterío
y el sonar de los cascos de los caballos contra el empedrado rompió
el silencio de la noche. El Rey despertó con el alboroto, e inmediatamente
se imagino lo que estaba ocurriendo. Se hizo armar, y a la grupa de su
caballo salió del castillo con un bastón de mando en la
mano y la cabeza descubierta. Un paje llevaba tras el la lanza, la adarga
y la celada, y así llego hasta el centro mismo de la plaza de San
Antolin, la mas céntrica y popular de Medina del Campo. Enseguida
se reunió junto a el don Álvaro de Luna, los condes de Haro
y de Rivadeo, con todos los grandes, caballeros y prelados que había
en la ciudad por aquellos días. Quinientos hombres, a lo sumo,
se reunieron en la plaza en apoyo del Rey; muy pocos, comparados con el
grueso de la tropa que acababa de pasar a través de la muralla.
Con los primeros claros de la mañana el Rey advirtió al
Condestable que, puestos en la realidad de la situación sabiendo
que era a el, mas que al propio Rey, a quien buscaban, le convendría
abandonar la ciudad y ponerse a salvo antes que los enemigos la ocupasen
entera. Primero se lo aconsejo como amigo, luego se lo ordeno como Rey.
Don Álvaro
de Luna, consciente de que no tenia mejor opción que la que le
había señalado el Monarca bajo mandato, se despidió
de el, y llevándose consigo al maestre de Alcántara, al
Arzobispo su hermano y a los caballeros mas afines a su persona, se abrió
paso por entre las gentes del Almirante don Fabrique, sin ser reconocido
por nadie, salió por la puerta llamada del Arcifio, y con el pequeño
grupo de seguidores tomo el camino de Escalona donde quedó a salvo.
Era, en efecto, don Álvaro de Luna quien estorbaba a los confederados
en aquellos precisos momentos. Su arrojo, su fidelidad a la persona del
Rey, su capacidad de gobierno como valido, eran cualidades que los Infantes
y los nobles coaligados con ellos no podían soportar en su persona.
.El Rey quiso pelear con los escasos efectivos que tenia y abrirse camino
con la lanza por mitad de sus enemigos, pero el arzobispo Gutierre, hombre
de su completa confianza le persuadió de la inutilidad de ello,
a lo que el Rey mando llamar al Almirante don Fabrique. El arzobispo Gutierre
llego al sitio en el que estaban reunidos los nobles coaligados, hablo
al Almirante y al momento este volvió con el adonde estaba el Rey.
El Almirante le beso la mano respetuosamente, y seguido a el lo hicieron
el conde de Ledesma, el rey de Navarra, el infante don Enrique y todos
los caballeros del grupo invasor que, después de hacerle reverencia,
le acompañaron hasta el castillo, y con su permiso abandonaron
la ciudad y se retiraron al campamento.
Las
consecuencias de esta derrota fue la concesión de poderes por parte
del Rey, a la Reina, al Príncipe, al almirante don Fabrique, y
también al conde de Alba. El destierro por un periodo de seis años
del Condestable don Álvaro de Luna a sus villas de Valdeiglesias
o Riaza, donde le pareciera mejor, dejando para mayor seguridad a su hijo
don Juan de Luna, el cual quedaría durante ese tiempo bajo la tutela
de su tío el conde de Benavente. Que los parciales del Condestable
y otros que ocupasen cargos nombrados por el, deberían abandonar
la Corte en el plazo de tres días, quedando encargado de designarlos
el rey de Navarra, el infante don Enrique y otros caballeros y señores
del bando vencedor. Este cúmulo de medidas no mejoraron la vida
en Castilla, muy al contrario la empeoraron, hasta el punto de desembocar
por varias razones en la batalla de Olmedo donde fueron derrotados estrepitosamente
los infantes y sus coaligados, hasta el punto de ocasionar la muerte del
infante don Enrique y perdiendo el rey de Navarra don Juan todas las posesiones
que tenia en Castilla, (pero esto es ya otra historia que no compete con
la del castillo de la Mota que tratamos aquí de relatar).
El castillo de la Mota desempeñó un papel muy importante
durante el reinado de Enrique IV. Este, según consta en un albala
archivado en Simancas, encomendó la tenencia de la Mota a Pedro
de Salcedo, su maestresala, en marzo de 1.465, pero como se unió
con los magnates rebeldes al rey, se la quito. En este castillo de la
Mota se celebra una reunión trascendental para la historia de castilla,
entre Enrique IV, su hija Juana y el privado don Beltrán de la
Cueva, habría de decidirse en ella si Juana, denominada la Beltraneja,
era legítimamente la heredera del Monarca castellano o, como decían
las habladurías, hija de don Beltrán de la Cueva. El Rey
anulo la concordia donde reconocía por heredero al infante don
Alfonso, y volvió a nombrar a la Beltraneja heredera del trono.
Entonces los nobles que formaban la Liga, arreciaron en sus argumentos
sobre la bastardía de la Beltraneja y llegaron a promover la falsa
de Ávila. Sobre un
estrado colocaron una efigie del rey y procedieron a despojarle de sus
tributos reales. Tras pisotear al muñeco, elevaron a don Alfonso
sobre sus hombros gritando: "¡Castilla por el rey don Alfonso!"(1.465).
Después de esto los nobles que formaban la Liga cercaron Medina
del Campo y su fortaleza, tomándola después de diez meses
de sitio. Los de Medina solicitaron auxilio del rey siendo reconquistada
en julio de 1.466, por Pedro Arias Dávila. Para conseguir la fidelidad
de los nobles Enrique IV les entrega ciudades y villas, y en 1.466 cede
el castillo de la Mota a don Alonso Carrillo, Arzobispo de Toledo, con
quien trató secretamente para que combatiera al marques de Villena;
pero al no fiarse demasiado el Rey del Arzobispo, y decidido ya a favor
de su hija doña Juana, se la hizo quitar. El Arzobispo de Toledo
había tomado parte en favor del príncipe don Alfonso durante
la insurrección de este contra su hermano el rey Enrique IV. Por
ello, la guarnición del castillo, cuyo Alcaide estaba por el Arzobispo
peleo constantemente con los vecinos de Medina, que seguían fieles
al Rey, y que tenían asediados a los de la Mota en las salidas
que tenia la fortaleza en algunas iglesias que estaban a su alrededor,
hasta que se apoderaron de toda la villa en nombre del príncipe
Alfonso.
Después
de la revuelta de Olmedo, 1.467 y una vez tranquilizados los ánimos,
el Rey premio la lealtad de don Alfonso Fonseca, Arzobispo de Sevilla,
confiándole la tenencia del castillo de la Mota. Cuando la princesa
Isabel es reconocida como heredera del trono de Castilla por el tratado
de los Toros de Guisando, recibe varios señoríos, entre
ellos la villa de Medina del Campo. La donación se hizo el 15 de
Noviembre de 1.468, e incluía el alcázar, fortaleza y torre
de la Mota, pero su enfrentamiento con Enrique IV a causa de su matrimonio
con Fernando de Aragón, hace que Isabel no disponga de estos señoríos
ni del castillo, cuya tenencia detentaba el Arzobispo Fonseca. En ese
tiempo, año de 1,470, se firmaron en el castillo de la Mota, las
Capitulaciones matrimoniales de doña Juana la Beltraneja con el
duque de Guyena. Al fallecer el Rey y el Arzobispo Fonseca, en 1.474,
volvieron las luchas entre la guarnición del castillo y los habitantes
de la villa, que a todo trance, por armas o por tratos, querían
posesionarse de la fortaleza para derribarla, ya que veían en ella
un peligro constante para su tranquilidad y para el comercio pujante del
lugar. Para ello llamaron en su auxilio al terrible Alcaide de Castronuño
y cercaron el castillo, pero el duque de Alba con sus gentes, disperso
a los sitiadores tomando la fortaleza en tercería hasta que los
de Medina indemnizaran a los Fonseca de los graves daños que habían
causado.
En 1.475 llegaron a Medina del Campo los reyes Isabel y Fernando, después
de ser coronados en Segovia, siendo recibidos con entusiasmo por los de
la villa, y enterados de las luchas habidas entre estos y los del castillo
demandaron al Duque de Alba, que iba con ellos, la Mota de Medina que
teniala é luego gela entregó, con el deseo de servir a los
nuevos soberanos, en la persona de Gutiérrez de Cárdenas.
Bajo la custodia de este Alcaide y la de su mujer, doña Teresa
Enríquez, aquella famosa Loca del Sacramento, dejaron en la Mota
a la princesa Isabel, heredera de la Corona. Al tomar posesión
del castillo los Reyes Católicos no duraron en emplear toda la
tecnología conocida y el dinero necesario para convertir la Mota
en el mejor castillo artillero europeo en la modalidad denominada de transición.
Durante las
obras de fortificación y embellecimiento del castillo mandaron
labrar sus blasones sobre la puerta de la muralla. Allí están
las armas de Castilla y León, de Aragón y de Sicilia, la
empresa monta tanto tanto monta y debajo de ella una cartela con los nombres
ELIZABETH y FERDINANDUS, con la divisa del nudo gordiano, yugo y flechas.
En una Cédula
dirigida al Concejo de Segovia, en septiembre de 1.479, ordenaban los
Reyes que no se cobrasen tributos ni sisas de las maderas que se sacaran
para las obras de la Mota. En dicha Cédula citan a Alonso Nieto
vecino de la noble villa de Medina del Campo nuestro obrero mayor de las
obras que nos mandamos facer e deficar en la Mota e fortaleza de la dicha
villa... Con seguridad puede hablarse de la intervención del herrero
Maestre Hernando y de dos alarifes árabes. El Maestre Abdallah
y el Maestre Ali de Lerma, este señalado como ingeniero podria
ser el responsable de la construcción del foso y de la barrera.

Encerrada
en sus estancias estuvo la desgraciada y loca de amor doña Juana,
hija de los Reyes Católicos, (nacida en Toledo el 6 de noviembre
de 1.479, a los 17 años contrajo matrimonio con Felipe de Habsburgo,
que tenia 18. Los síntomas de locura, que había heredado
de su abuela materna Isabel, se agravaron por el amor que sintió
por su marido y por los celos provocados por la irregular y veleidosa
conducta del rey, ello la valió el sobrenombre de la Loca ), que
con insistencia manifestaba su deseo de ir a reunirse con su marido a
Flandes. Cuando la reina Isabel envió desde Segovia, donde se encontraba
enferma, al secretario Pedro de Torres con una larga carta en la cual
prometía disponer su marcha cuando el mar se abriese a la navegación,
entendió doña Juana que bajo tales promesas se escondía
el engaño y la negativa, a grandes voces, anuncio que estaba dispuesta
a emprender el viaje contra toda prohibición. El Obispo de Córdoba,
Juan de Fonseca, ordenó retirar todas las caballerías, al
ver a la Princesa abandonar sus aposentos sin llevar mas que ropa ligera,
pese a lo avanzado de la estación, e hizo cerrar las puertas de
la barrera para impedir que emprendiese la marcha a pie. La crisis estallo
entonces con inusitada violencia: doña Juana se aferró al
muro, y permaneció casi inmóvil, incluso en la helada noche
de fin de otoño, sin hablar ni comer durante mas de veinticuatro
horas. Cuando la tensión de nervios cedió, sus servidores
pudieron instalarla en una cocina de la misma muralla que utilizaban para
calentarse los soldados de guardia; ella se negó en redondo a volver
al castillo porque confiaba en que al abrirse la puerta de la muralla
tendría ocasión de huir. El mayordomo mayor, don Enrique
Enríquez y el Cardenal Cisneros acudieron inmediatamente a la Mota
sin conseguir calmarla y, hasta que no llego la reina Isabel no lograron
que volviese a sus aposentos, para la reina esto fue un rudo golpe reconociendo
el estado de su hija Juana "Y entonces ella me habló tan reciamente,
de palabras de tanto desacatamiento y tan fuera de lo que hija debe decir
a su madre, que si yo no viera la disposición en que ella estaba,
yo no las sufriera de ninguna manera". Estas circunstancias, junto
con el quebranto de la salud de la reina Isabel, irreparable desde el
verano de 1.504, y con el telón de fondo de una grave crisis que
azotaba las tierras peninsulares por aquellas fechas, hizo que sintiéndose
gravemente enferma, el 12 de octubre de 1.504, en el castillo de la Mota,
la reina Isabel dicto al secretario Fernando Gaspar de Gricio su testamento,
al cual añadiría un codicilo el 23 del mes siguiente, solo
tres días antes de su muerte.
El día 26 de noviembre de 1.504, la Reina Isabel la Católica
fallecía en el castillo de la Mota a los 53 años de edad,
y Fernando renunciaba al titulo de rey de Castilla que había ostentado
desde 1.474, pero de acuerdo con el testamento de Isabel, adquiría
el de gobernador en ausencia de su hija Juana, que se había vuelto
a reunir con su marido en la corte de Flandes.
El castillo
no fue solo escenario de revueltas, también fue Archivo de la Corona
por orden del rey Juan II, y de Enrique IV, que mandaron reunir en sus
salas todos los documentos del Patrimonio y
Corona Real a los que unieron por Cédula de 15 de febrero de 1.485.
Mas tarde fueron trasladados al castillo de Simancas por orden de Carlos
V. Sin embargo el castillo de la Mota no es menos famosos por sus hechos
militares que por sus ilustres prisioneros, ya que fue prisión
de Estado a partir del siglo XVI, y en el estuvieron el Duque de Calabria,
don Fernando, hijo del rey Fabrique de Nápoles, preso en Tarento
por el Gran Capitán en 1.502 y traído a España como
rehén, cuando recibió la noticia de la muerte de su padre
perdiendo las esperanzas de ceñir esta Corona. Pero tal vez el
prisionero mas pintoresco de todos los que encerró el castillo
fue Cesar Borgia, el llamado
Duque Valentino, intrigante personaje de la agitada vida política
del final de la Edad Media y comienzos del Renacimiento, y a quien el
Gran Capitán hizo prisionero en Nápoles, enviándole
primero al castillo de Chinchilla, en la provincia de Albacete, de donde
intento escapar mediante una estratagema, no sin antes querer arrojar
por las almenas a su alcaide y guardián, don Gabriel de Guzmán,
quien se libro de muerte segura gracias a su agilidad y fortaleza. Tras
el fallido golpe, el rey Católico ordeno su traslado al castillo
de la Mota, custodiado esta vez por el alcaide don Gabriel de Tapia. Pasado
un tiempo de rigurosa prisión, aunque propia de un personaje de
su alcurnia, maquina una nueva fuga con la complicidad exterior del Conde
de Benavente, don Rodrigo Alonso Pimentel, enemigo del Rey Católicos
y las ayudas interiores del capellán y algunos criados. La noche
del 25 de octubre de 1.506 se descolgó mediante sogas de la Torre
del Homenaje, la soga no alcanzaba al suelo de forma que el ultimo tramo
hubo que salvarlo saltando, Cesar quedo magullado, otro criado que lo
seguía se deslomo del golpe, tuvieron que dejarlo atrás
y fue ahorcado al día siguiente. En unión del Conde de Benavente,
llegaron en secreto a Villalón, allí se oculto unos días,
(Se ofrecían diez mil ducados por su captura), luego pasaron a
Santander para eludir el cerco que el rey Católico había
dispuesto para su captura. Desde allí paso a Navarra, cuyo rey
Juan de Albrit era hermano de su esposa francesa Carlota.
El castillo además de ser prisión también fue parque
de artillería con los Reyes Católicos y el Cardenal Cisneros,
y por este motivo durante la guerra de las Comunidades el castillo sufrió
daños porque el Alcaide no quiso entregar las armas que se custodiaban
en la fortaleza. Cuando Carlos V quiso tener a buen recaudo el rescate
de Francisco I, hecho prisionero en la batalla de Pavía,( 23-24
de febrero de 1.525, donde los franceses sufrieron una estrepitosa derrota
que les costo mas de 8.000 muertos), que ascendía a un millón
doscientos mil escudos de oro y la milagrosa flor de lis, lo mando al
castillo de la Mota de Medina, bajo vigilancia de Álvaro de Lugo.
Don Diego Hurtado de Mendoza estuvo preso en el castillo de la Mota por
orden de Felipe II, por una reyerta que tuvo con don Diego de Leiva, ante
la cámara en la que estaba agonizando el príncipe don Carlos.
Cumpliendo el mandato real, don Diego llego a la fortaleza el 4 de septiembre
de 1.568. Le acompañaban dos criados, Juan de Luzuriaga y Juan
de Anguera, siendo recibidos por el Alcaide Alonso Nieto. Hernando Pizarro
estuvo preso en el castillo durante mas de veinte años por la causa
seguida a él y a su hermano por la muerte de Almagro en la conquista
de Perú. En 1.579 estuvo preso don Fabrique de Toledo, marques
de Coria, por desacato a doña Magdalena de Guzmán, y don
Antonio Álvarez de Toledo por desobediencia al rey Felipe II al
contraer matrimonio sin su licencia.
Se conservan
dos despachos en Simancas de 26-12-1.591 y 2-1-1.592, que demuestran la
decadencia del castillo. están escritos por Diego del Solar y Solórzano,
que debía de tener el castillo por el duque de Maqueda. En ellos
se expone a Vázquez de Salazar, Secretario de cámara de
Felipe II, las dificultades para dar aposento en la Mota al preso que
traen de Aragón y personas que con el vinieren por estar algo de
ello mal reparado, y toda vez que como es casa tan antigua cada día
ay mas mal, y se advertía que sea mirado con mucho cuydado puertas
y rrejas, y se allá que si no son las principales de la fortaleza
las de mas es necesario ponerlas, y los marcos de las rrejas están
podridos de manera que con facilidad se podrían arrancar. Tanto
se acentuaban los signos de ruina que en tejados y aposentos se llueben
como si no ubiera tejado y en el mismo día del escrito se a undido
con las demasiadas aguas un pedazo de corredor por donde se iba a la capilla
a oir misa lo cual no se podrá hacer si no se remedia, que no es
poca importancia para el preso y para los demás que obviáramos
de estar en su guarda. El preso al que se referían estos escritos
era don Luis Jiménez de Urrea, conde de Aranda, complicado en el
proceso de Lanuza y de Antonio Pérez.
Uno de los últimos personajes que habitaron el castillo en calidad
de prisionero fue el marques de Sieteiglesias, don Rodrigo Calderón,
famoso por su orgullo al ir al cadalso.
El paso del
tiempo despojó al castillo de su importancia defensiva, al lograrse
la definitiva unidad de España. Fue decayendo, se convirtió
en arsenal de materiales, los muros se agrietaron, desmocharonse las almenas
y aunque en pleno siglo XVII, hubo un intento de consolidación
en el que Manuel de Vega, maestro de obras, toma a su cargo los reparos
de la fortaleza, ya muy maltrecha, esta acabo por arruinarse. En el año
1.782, se concedió el titulo de Alcaide de la Mota por el Rey al
duque de Sesa y de Maqueda, y hasta muy avanzado el siglo XIX, ejerció
como tal don Ramón del Canto Berceruelo, hijo de la villa de Medina.
Después de la ultima restauración hecha en 1.939, por medio
de un decreto de fecha 29 de mayo de 1.942, el castillo se convirtió
en la Escuela Superior de Formación de la Sección Femenina.
En 1.977, al disolverse la Secretaria General del Movimiento, el castillo
de la Mota fue cedido al Ministerio de Cultura, adscribiéndose
a la Junta Coordinadora de Actividades Establecimientos Culturales. Últimamente
fue transferido a la Junta de Castilla y León por medio del Real
Decreto 3.298/1.983 de 2 de noviembre. En la actualidad depende de la
Conserjería de Cultura y Turismo.
Castillo de la Mota, surge luminoso en las noches serenas de la recia
Castilla, orgulloso de su pasado histórico, de su altiva y sin
par Torre del Homenaje, de su erizada barrera artillera envidia de todas
las fortalezas Europeas,
retando al tiempo pasado y futuro, con su aspecto de inexpugnable fortaleza
y su fina y artística silueta mudéjar.
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