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Castillo de Manzanares el Real

Situado en: La villa de Manzanares el Real
Comunidad de: Madrid.
Época de Construcción: Siglo XV.
Propiedad Actual: Duque del Infantado, cedido a la Comunidad de Madrid (60 años)
Estado Actual: Completamente Restaurado.
Destino: Uso turístico y Actividades culturales, congresos, seminarios etc


CONSTRUCCIÓN Y DESCRIPCIÓN MORFOLÓGICA DEL CASTILLO DE MANZANARES EL REAL

     Para visitar el castillo de Manzanares el Real, situado a 48 Kilómetros de Madrid, tendremos que salir por la M-607 autovia de Colmenar Viejo hasta la intersección en el Kilómetro 34 a Miraflores de la Sierra, y después girando a la izquierda coger la M-608 que bordeando el embalse de Santillana nos conducirá a la villa de Manzanares el Real.

     Una vez en ella nos encontraremos con dos castillos, uno llamado el viejo o “plaza de armas” popularmente, se alza sobre una ligera prominencia situada junto a la salida hacia Cerceda. Nada mas cruzar el puente sobre el rió Manzanares nace, a la derecha, un camino que nos conduce a los escasos restos del castillo, consistente en un cuadrado de 45X37 metros con tres torres rectangulares y una cuarta cuadrada que es la del Homenaje con catorce metros de lado y con un gruesor en sus muros de casi cuatro metros. Las paredes del castillo, hechas todas en mampostería encintada, no se elevan ahora más de tres metros sobre su base, ya que fueron utilizadas para la construcción del castillo nuevo.

     Este castillo nuevo, cuya figura ha sido posiblemente la mas utilizada para encarnar la imagen popular de la fortificación medieval española, se levanta también sobre una ligera loma, a la izquierda de la salida hacia Soto del Real donde estaba la ermita de la Virgen de la Nava, que forma parte del castillo y se convirtió en capilla de la fortaleza. Puerta de ingreso a la barrera protegida por dos cubos.

      Su construcción según la mayoría de los investigadores se debió a la necesidad de escapar de las limitaciones de espacios y las incomodidades del anterior. Tradicionalmente, y tomando como base lo expresado en el testamento de don Diego Hurtado de Mendoza (fallecido en 1479). Castillo que yo fago en la mi villa…” el castillo comenzó a construirse en 1475. Sin embargo, son muchos los autores que dan como fecha mas exacta la de 1478, argumentando que don Diego, primer Duque del Infantado, falleció en el antiguo castillo de Manzanares, no llegando a habitar el nuevo, cuya finalización corresponde a su hijo y heredero don Iñigo López, segundo Duque del Infantado.

     El fallecimiento de don Diego, debió suponer una interrupción de las obra por un cierto tiempo hasta que fueron retomadas por su hijo don Iñigo López. Este paréntesis explica algunas de las transformaciones que sufrió el trazado original del castillo, la mayoría de ellas encaminadas a ampliar la superficie residencial, mientras que el primer duque no levanto más que el cuerpo principal con sus cuatros torres, su sucesor le adoso el cuerpo oriental, que no estaba previsto (no se entiende, si no, que la fachada este del primer recinto tuviese ventanas), a si como la extraordinaria galería cuya cara externa esta cubierta por arcos rebajados con decoración de tracerías ojivales.

     Su planta que es muy similar al castillo viejo, es un sencillo cuadrado de treinta metros de lado rematado por torres cilíndrica, de unos seis metros y medio de diámetro, en sus ángulos, siendo una de ellas, la del Homenaje. Estas torres se hallan rematadas por torretas–caballero cilíndricas sobre cada una de las torres circulares, y hexagonal sobre la torre del Homenaje, a todas se accede desde el adarve, por una puerta adintelada. La luz les entra por unos ventanucos cuadrados. Están rematadas por una moldura similar a la de la estructura sobre la que se alzan, pero simplificada: no tiene canecillos, su fachada esta decorada por unas bolas en relieve que, además, se verían realzadas por un estucado rojizo del muro con dibujos de rombos y del que aun se aprecian unos restos desgastados. Aunque el pretil actual de las torretas y del cuerpo principal, coronado por merlones cuadrados y alternándose uno macizo con otro con saetera, esta totalmente reconstruido, es probable que sea una fiel reproducción del original.

     Una de las características arquitectónicas mas relevantes y que le confiere al castillo el aspecto de residencia señorial que posee, es la galería cubierta construida sobre la fachada meridional y la torre del Homenaje, cuya cara externa esta compuesta por arcos rebajados con decoración de tracerías ojivales.

     El arquitecto de esta variante tardía del estilo gótico fue el francés Juan Guas. Existen referencias a su intervención en el palacio que don Iñigo construyo en Guadalajara, siendo el autor del esplendido paseador o galería, y del patio con arquerías ejemplo del gótico tardío con influencia mudéjar, especialmente en cubiertas y artesonados y en las arquerías decoradas con los escudos familiares de los Mendoza, Luna y Enríquez. Seguramente gracias a la influencia del Duque paso a dirigir las obras de la iglesia de San Juan de los Reyes en Toledo. La participación del arquitecto ayudaría, además, a precisar la fecha de la reanudación de los trabajos en torno al año 1482, época en que esta documentada su presencia en España.

     El muro oriental del castillo se adapta en su curvatura, al ábside de una pequeña iglesia, dedicada a Santa Maria de la Nava (como ya hemos señalado). Seguramente el plan del primer duque era el de respetar su estructura, asociándola a su residencia como capilla privada. Para ello había promovido la construcción de una nueva iglesia parroquial: la que ahora se alza en el centro de la villa. El segundo duque, en cambio, derribo las naves del templo para construir el segundo cuerpo del castillo. Para ello tal vez se vaso en el mal estado del edificio o para ganar mas espacio para sus cámaras privadas. Se puede considerar como una estructura mixta, una mezcla de capilla y torre del Homenaje: la parte inferior y el ábside seguirían sirviendo como oratorio y la parte por encima de la moldura perimetral, que hace un retranqueo con respecto al bloque inferior y ahora esta desmochada, estaría ocupada por habitaciones. De hecho, la planta de cruz latina del nuevo cuerpo simula la de una iglesia, aunque luego no se corresponda con un crucero. Sin embargo, toda esta disposición se cambia en el transcurso de las obras o en un momento inmediatamente posterior. Se rebaja la altura proyectada de los arcos y de la techumbre de la iglesia para alojar, sobre ella, un gran salón. Se abren nuevas ventanas (apenas están un metro por encima de las aspilleras que iban a iluminar la capilla), que probablemente no se llegan a terminar nunca. Son las cinco que se pueden ver, descarnadas y sin jambas, ni cierre de ningún tipo, en el lateral sur dos y en el norte tres. Un documento del siglo XVI dice de este bloque añadido”…qual iglesia y torre de homenaje nunca fue cubierta ni acabada.”

     Los muros exteriores del castillo propiamente dicho, están decorados, bajo el adarve almenado, por una doble moldura con nichos trilobulados sobre canecillos de rollizos. En el centro de cada uno de los tres laterales libres, la cornisa forma una escaraguaita semicircular que apoya sobre varias molduras concéntricas y rematadas en su parte inferior por escudos de familia Mendoza, con la leyenda “Ave Maria Gratia Plena”.

     Todo el conjunto del castillo, esta rodeado por una barbacana perimetral. El muro, de igual grosor que el del cuerpo principal, pero de mucha menos altura (cinco metros), se va adaptando al contorno de los dos bloques que forman el castillo y dejando un corredor de circulación de algo mas de cuatro metros. La única entrada a este recinto es un arco apuntado, protegido por dos torretas huecas y una ladronera sobre arco rebajado, que esta situada en el lateral occidental entre los dos grandes tambores de las esquinas de la barbacana. Esta disposición obligaba al que entraba a recorrer varios metros y hacer un giro dentro del corredor, exponiéndose ante los guardias apostados en el adarve. Al igual que el resto de los muros del castillo posee saeteras cuya parte superior termina en cruz potenzada, símbolo del Santo Sepulcro de Jerusalén, titulo que poseyó don Pedro González de Mendoza, “El Gran Cardenal” consejero de los Reyes Católicos que residió a finales del siglo XV en el castillo.

     El acceso al recinto principal se realiza a través de una puerta con un arco ligeramente apuntado, que da paso a una escalera por la que se llega al patio interior del castillo restaurado recientemente, este patio posee dos galerías superpuestas siguiendo la estructura de dos plantas, que presenta esta zona del castillo.

     Sobre la distribución original del interior del recinto principal también existen serias dudas. Cuando Lampérez comenzó, en el año 1914, su restauración, no quedaban sino restos desmoronados y confusos. Según su reconstrucción continuada por González Valcarce en los años sesenta, las crujías albergaban dos plantas superpuestas y un semisótano. Tres de ellas alojaban habitaciones y, además, un pasillo portificado que daba al patio central. La cuarta, la occidental, solo estaba ocupada por el pasillo. Las cámaras del recinto, así como la de las cuatro torres, son iluminadas por sencillas ventanas cuadrangulares y, en la planta baja, por estrechas aspilleras. La reconstrucción del vano con dos arcos y celosías del lateral sur de la torre del Homenaje es bastante dudosa. El castillo tuvo también un foso que actualmente no se conserva.

     No cabe duda de que, Manzanares el Real es uno de los enclaves más adecuados para el estudio de la evolución de la fortificación señorial castellana. Sus dos castillos están separados por solo dos o tres generaciones del linaje que los edifico como residencia y símbolo de su poder político y territorial. Entre el inicio del primero, entre 1390 y 1400, y la finalización del segundo, en torno a 1490, se produce tanto una transformación de su concepción arquitectónica y espacial como de las características sociales y económicas de la clase a la que representa. La segunda fase del castillo nuevo ocupa una posición crucial en la transición hacia un nuevo tipo de residencia, el palacio Renacentista, con cuyos primeros exponentes, aun anclados en la tradición decorativa gótica ya convive. Con el declive de los Mendoza acaba la historia como residencia señorial, debido a las desavenencias a la muerte del cuarto duque del Infantado don Iñigo López de Mendoza en 1566, llevo al castillo-palacio a casi su ruina, una investigación sobre el desolador panorama del castillo, evalúa así su situación “…después que salio della antonio Velásquez alcalde que fue de ella en el tiempo del señor duque don Iñigo queda yerma y sin morador y se a caydo y hundido…”.

      Desconocemos si algún otro uso tuvo el castillo posteriormente, pero fuera el que fuera no debió de proporcionarle más que ruina, hasta llegar a nuestro siglo en el lamentable estado que las descripciones del arquitecto Lampérez, su primer restaurador, nos revelan. En 1931 el castillo nuevo es declarado Monumento Histórico Artístico. Y en 1964 dan comienzo las obras de restauración por la Comunidad de Madrid al ser cedido por su propietario el duque del infantado don Iñigo Arteaga y Folquera por un periodo de sesenta años, las obras que comprenderían desde 1964 a 1967 fueron dirigidas por el Arquitecto J.M. González-Valcarce, y consistieron en: Obras generales de acondicionamiento para la instalación del Museo de los Castillos. Forjados en torreones y decoración del techo. Reparación de la cerca y del seto. Decoración y ambientación en las estancias nobles y en el camino de acceso. Montaje de dos alas del patio. Actualmente su mantenimiento y conservación es responsabilidad de la Dirección General de Patrimonio de la Conserjería de Economía y Hacienda de la Comunidad de Madrid. Manzanares es hoy día centro de reuniones y actividades culturales, por lo que se celebran en sus salas conferencias y congresos en un ambiente histórico incomparable, que ha sabido hermanar la arquitectura medieval con la más moderna tecnología.


EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL CASTILLO DE MANZANARES EL REAL

     La explotación de los ricos bosques y pastos del curso alto del Manzanares, lo que se dio en llamar El Real de Manzanares, fue objeto de serias y prolongadas disputas, desde poco después de la conquista castellana de la región, por parte de los concejos de Segovia y Madrid. Ambos esgrimían ante el rey derechos adquiridos sobre estas tierras. La emergente aristocracia madrileña basaba en la reivindicación de estos territorios, entre otros, el desarrollo de un área de influencia y de obtención de recursos, frenando además la expansión de los tres grupos mejor implantados en su entorno: el concejo de Segovia (ciudad que sirvió de base para la conquista y primera colonización de estas tierras, de ahí sus aspiraciones), el Arzobispado de Toledo y, a partir de finales del siglo XII, la Orden de Santiago. Madrid en 1152 logro ser confirmada por el rey como beneficiaria de la comarca, pero Segovia no dejo de presionar hasta que, en 1287, consiguió el traspaso. Algunos autores atribuyen a este momento la fundación del asentamiento, colonizándola, Segovia garantizaba la dependencia y la explotación de su recién adquirida posesión. Se habla de la posible construcción de una torre, cuya función seria la defensa de la población y del territorio circundante. Su existencia es bastante dudosa, pues ni quedan restos de ella, ni existen referencias en los documentos posteriores.

     A lo largo del siglo XIV se produce una perdida de protagonismo de la titularidad colectiva sobre la tierra a favor de una individualidad del poder señorial. De entre la nobleza castellana comienzan a destacar ciertos linajes cuyo compromiso con la Corona es recompensado con la cesión personal y hereditaria de territorios. Se produce un proceso de señorialización. El real de Manzanares no escapa a este fenómeno. Existen referencias no muy claras a que, en 1312, se encuentra ya en manos de la familia De la Cerda y que, unos treinta años después, Alfonso XI lo cede a su amante, doña Leonor de Guzmán. Es posible que este mismo rey construyese en las inmediaciones de la población un refugio para sus cacerías. En un documento de la época se hace referencia a unos carpinteros que van a trabajar en (los palacios de Manzanares). Se ha intentado identificar este edificio con el castillo viejo, pero no hay pruebas suficientes para aceptar esta asociación.

     En 1383, Pedro González de Mendoza recibió de la familia real, por su fidelidad y buenos servicios a Enrique II, primero, y Juan I, después, varios y extensos señoríos en las tierras al Sur de la Sierra de Ayllón y de Somosierra, -entre ellos, Buitrago y El Real del Manzanares- siendo desde entonces esta noble familia (hidalgos dispuestos a ascender aprovechando las luchas, los casamientos y el favor real) los dueños absolutos del Real de Manzanares, no pudiendo entenderse la historia de estos castillos y territorios sin la familia Mendoza, por lo cual nos adentraremos un poco en la historia de los personajes de esta familia que directa o indirectamente estuvieron relacionados con los mismos.

DON PEDRO GONZáLEZ DE MENDOZA

     Empezaremos con Don pedro González de Mendoza (aunque no tenga nada que ver con los castillos pero por seguir un poco la genealogía al ser el primer Mendoza que recibe la mitad de las tierras del Real de Manzanares), nace en 1340 hijo de Gonzalo Yañez de Mendoza, el primer Mendoza emigrado a Guadalajara y de Juana de Orozco, casó primeramente con Maria Fernández Rodríguez, hermana del celebre Pedro Fernández Pecha, fundador del Monasterio de San Bartolomé de Luliana, la cual murió hacia 1354 sin descendencia. Entonces caso con su prima Teresa López y viudo de nuevo, volvió a casarse en 1363 con Aldonza Fernández de Ayala. Pedro y Aldonza tuvieron cuatro hijos y cuatro hijas. Pedro I el Cruel hizo merced de los portazgos de Guadalajara a Pedro Gonzáles de Mendoza en 1355. Al comienzo Pedro González apoyó a Pedro I EL cruel pero al igual que los Ayala y los Orozco, paso en 1366 al bando de Enrique II de Trastamara. Las fuerzas de Enrique II fueron derrotadas completamente en Najera (1367) cayendo Pedro prisionero junto con su tío Orozco y el futuro Canciller Ayala. Fue liberado tras el pago de un cuantioso rescate, esta causa mas la muerte en prisión de su tío Iñigo López de Orozco le permitieron solicitar mercedes reales, empezando por las posesiones de los Orozco en Guadalajara, lo que empezó a labrar la fortuna familiar. Así, fue muy beneficiado por Enrique II que le hizo ayo de su heredero Juan, la merced de los bienes de los Orozco incluyendo las villas-fortalezas de Buitrago e Hita en 1368, antes incluso de ser rey tras matar a su hermano Pedro en Montiel (1369). Asimismo cambio a la reina por otro lugar las aldeas de Somosierra y Robregordo en 1373 que, junto a Buitrago, permitieron a Pedro controlar el estratégico puerto de Somosierra, paso de gente y ganados entre las dos castillas.

     Su importancia en la corte había aumentado en 1379 al suceder Juan I a Enrique II y apoyarse en la nueva nobleza que encabezaba su ayo Pedro, quien fue nombrado Mayordomo Mayor, y al poco Capitán General de sus ejércitos. Hizo mayorazgo de Hita y Buitrago y fue nombrado señor de la mitad del Real de Manzanares el 14 de Octubre de 1383. Hizo mayorazgo de este Señorío en 1384 y se lo dio a su hijo mayor Diego. Asimismo Pedro obtuvo de Juan I la confirmación en 1385 del mayorazgo de la mitad que poseyera del Real de Manzanares.

     A la muerte del rey de Portugal, Juan I opto a dicha corona. Pedro fue uno de los regentes del reino en ausencia de Juan I y luego le acompaño en la campaña final. Pedro murió heroicamente en la desastrosa derrota de Aljubarrota en 1385 que se había iniciado contra su parecer. Ante la desvendada de las tropas castellanas, entrego su caballo al rey Juan I para que pudiera salvar la vida y no cayera prisionero. En el romancero quedo el poema: “si el caballo vos han muerto, subid Rey en mi caballo, y si no podéis subir, llegar subiros hé en brazos,”

     Viendo muchos alcarreños muertos Pedro rehusó huir encomendando a su hijo “Diagote” al rey y diciendo “non quiera Dios que las mujeres de Guadalajara digan que aquí quedan sus fijos e maridos muertos e yo torno allá vivo”.

     Su hijo primogénito Diego le llevo a enterrar en Alava, aunque en su testamento solicitaba ser enterrado en el convento de San Francisco de Guadalajara.

     A don Pedro le hereda su hijo Diego Hurtado de Mendoza nacido en Guadalajara en 1367. Su padre capitulo su matrimonio en 1375 con Maria Enríquez, hija fuera de matrimonio del rey Enrique II y conocida también como Maria de Castilla al ser hija del rey. El matrimonio debió consumarse en 1379 pues entonces recibe del rey Cogolludo, Loranca y la mitad del Real de Manzanares que no poseía su padre, lo que una vez en su poder todo el señorío de Manzanares le decide a la construcción del primer castillo de Manzanares, aunque no se han conservado documentos que hagan referencia directa a la fecha y al responsable de la edificación. El castillo responde a los modelos de fortificación señorial en boga en el tiempo de don Diego y, además, era práctica habitual la erección de este tipo de obras junto a la cabeza urbana del señorío al poco de constituirse este.

     A la muerte de Maria de Castilla caso en segundas nupcias en 1387 con la viuda Leonor de la Vega cuya dote eran Carrión de los Condes y los estados de las Asturias de Santillana donde era conocida como “la ricahembra”. Leonor era hija de Gracilazo II de la Vega, muerto en Najera en 1367, y su primer marido Juan Téllez, sobrino de Enrique II, había muerto en Aljubarrota donde almenas del adarve.

      En las luchas cortesanas de poder, Diego fue protegido de su tío materno, el literato y Canciller Ayala, llegando a Principal de Juan I y Enrique III, y Consejero Real. Diego obtuvo en 1393 confirmación por Enrique III de los mayorazgos heredados de su padre como Hita y Buitrago y en 1394 de su señorío sobre el Real de Manzanares y en 1395 la villa de Tendilla y la confirmación de su dominio sobre Cogolludo y Loranca, amen de la villa de Liébana en Asturias, asimismo le concedió la categoría de villa a Tendilla.

     A pesar de estos “éxitos políticos”, no logro ocupar en la Corte el lugar de su padre, siendo su tío Juan Hurtado de Mendoza quien lo ocupara como todopoderoso Mayordomo Mayor. Para contentar a su sobrino se le concedió en 1394 el cargo de Almirante Mayor de Castilla quien al mando de una flota de cinco galeras derroto a siete portuguesas ahogando en venganza por su padre a los supervivientes. Realizo correrías por tierras portuguesas y trajo las banderas ganadas durante una nueva guerra con Portugal reinando Enrique III. También mando la flota que en 1400 cruzara el estrecho y tomara Tetuán. Repetidamente infiel, Diego murió en junio de 1404 lejos de su esposa Leonor (residente en Carrión de los Condes), residiendo en la casa de Guadalajara de su amante y prima Mencia de Ayala y junto a su hija Aldonza.

     Diego Hurtado de Mendoza y su primera mujer Maria de Castilla fueron enterrados en la capilla mayor de San Francisco de Guadalajara, y sus sepulcros ornamentados por orden de su hijo el marques de Santillana.


DON IÑIGO LÓPEZ DE MENDOZA Y DE LA VEGA

     Encontramos la figura del Marques de Santillana, figura de primer orden en la Historia y, especialmente, en la literatura del siglo XV. Don Iñigo López de Mendoza y de la Vega, era el segundo hijo varón del segundo matrimonio del Almirante Diego Hurtado de Mendoza. Nace en Carrión de los Condes. A la muerte de su hermanastro García y luego de su hermano Juan sucede a su padre en el mayorazgo. Muerto su padre cuando era niño, su madre Leonor de la Vega (mujer enérgica, hábil y prudente) logró preservar para el la mayor parte de su herencia, pretendida por sus familiares, entre los que destacamos especialmente a su hermanastra Aldonza de Mendoza.

     Aunque al comienzo solo le reconocerían por señor de Hita y Buitrago, desde esta base, poco a poco, comenzó a recuperar todo el patrimonio paterno. Su madre logro para sus hijos Elvira e Iñigo una conveniente doble boda de hermanos con los hijos del extremeño Maestre de Santiago Lorenzo Suárez de Figueroa, matrimoniando Iñigo en 1412 con Catalina de Figueroa. Le siguió una estrategia de busca de apoyos políticos y militares, inicialmente con los Infantes de Aragón y luego alternativamente al rey Juan II y a su valido don Álvaro de Luna. Así fue logrando conservar o recuperar su solar original en Álava, los señoríos del Real de Manzanares, la herencia materna (a la muerte de su madre) en los valles de Santillana, sus posesiones en la ciudad de Guadalajara y los pueblos de la provincia, Tendilla etc., junto con los demás que poseyera su padre excepto la villa de Cogolludo y el titulo de Almirante.

     Iñigo fue figura principal en las cortes castellanas de Juan II y Enrique IV, participando en muchas alianzas la mayoría en apoyo del rey, siempre a favor de sus intereses y, salvo cuando le convino, en contra de don Álvaro de Luna, su gran enemigo. Bajo Juan II guerreo contra los Reyes de Granada, Navarra y Aragón. Esta confirmada su valentía en la batalla, su ambición en mejorar su hacienda y la de su familia y también su amor a las letras teniendo como sentencia aquella que decía “la ciencia no embota la lanza ni hace floja la espada en la mano del caballero”.

     Por enfermedad no pudo participar en la Batalla de la Higueruela (1431), contra los granadinos, aunque allí estuvieron sus tropas. Por su actuación en la primera batalla de Olmedo (1445) guerreando junto a don Álvaro de Luna y su rey contra algunos nobles y los Infantes de Aragón fue nombrado el 2 de Agosto de 1445 por Juan II el primer Marques de Santillana y también fue la primera persona nombrada Marques en Castilla y segunda en España y Conde del Real de Manzanares, recibiendo a la vez la villa de Saldaña, aunque no la tuvo definitivamente hasta 1451. Asimismo, el Marques destaco en el largo y famoso sitio de Torija (1451-1452) que habían tomado los navarros en 1445, y en la invasión de Aragón en 1451. Siguió intrigando en las luchas contra el valido don Álvaro de Luna, al cual atacaría con su “Doctrinal de Privados” y seria factor decisivo junto con la reina Isabel de Portugal de su caída definitiva en 1453.

     Vivió en el castillo viejo de Manzanares el Real donde tuvo una gran biblioteca y donde por influencias suyas se tradujeron al castellano las obras de Homero, de Virgilio y de Séneca. Aunque la estrechez de la torre del Homenaje, residencia del señor en sus estancias en el feudo, seria compensada con la construcción de algunas cámaras en torno al patio de armas, la incomodidad de este primer castillo debió animarle a pensar en la construcción del segundo castillo ya que su influencia en la política real, su prestigio entre la nobleza y su creciente riqueza, debió convertir su entorno social en una pequeña corte de familiares, vasallos y sirvientes que seguían los movimientos de su señor por sus diferentes residencias.

     Fue un gran literato y poeta, hablaba fluidamente (cosa extraordinaria para esa época) francés, italiano, gallego y catalán. Al incluir en su escudo, junto a la “banda roja” de los Mendoza, la divisa “AVE MARIA” proveniente de su madre Leonor de la Vega, a los descendientes del Marques de Santillana se les llamo los Mendoza “del Ave Maria”. En 1440 aparece por primera vez en un sello del Marques la nueva versión del escudo con la banda de los Mendoza en franje y con la divisa de los de la Vega, que tan famoso se haría. Este escudo aparece de un modo u otro en todos sus descendientes, en algunos descendientes extremeños de su hermana Elvira Lasso de la Vega, relacionado con su tía “la ricahembra” e incluso en los blasones de ramas ajenas dentro de los Mendoza, que lo adoptaron por su fama.

     El Marques de Santillana dividió sus estados entre sus hijos. El hijo mayor Diego inicio la rama de los Duques del Infantado, quedando dichos Duques señores de Santillana, Manzanares, Hita y de Guadalajara capital.

     El segundo hijo Iñigo fue el Conde de Tendilla y que fueron luego Marqueses de Mondejar.

     El quinto hijo, Pedro, fue el todopoderoso Gran Cardenal Mendoza, que dejo abundante prole y cuya bisnieta Ana fue la conocida Princesa de Eboli, primera Duquesa de Pastrana.

     Por ultimo, Lorenzo (que escogió llevar los apellidos de su abuelo materno Lorenzo Suárez de Figueroa, Maestre de Santiago) seria Vizconde de Torija y Conde de Coruña (Burgos).

     Según Hernando del Pulgar era “de mediana estatura, proporcionado en la compostura de sus miembros y hermaso en las facciones de su rostro… era hombre agudo y discreto, de tan gran coraje que ni las graves cosas le alteraban ni en las pequeñas le placía entender… fablava muy bien… fue muy templado en comer y beber… Tuvo en su vida dos notables ejercicios: uno en la disciplina militar, otro en el estudio de la ciencia… ni su osedia era sin tiento ni en su cordura se metió jamás punto de cobardía… muy celoso de las cosas que a varón pertenecía facer… tenia gran copia de libros y dabale al estudio especialmente de la filosofia moral de cosas peregrinas y antiguas no tuvier algunas tentaciones de las que esta gelica “ AVE MARIA GRATIA PLENA” nuestra carne suele dar a nuestro espírit que algunas veces fuese vencido, quier de ira, quier de lujuria… feneció sus días en edad de setenta y cinco años con gran honra y prosperidad”.


DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA Y FIGUEROA

     A Don Iñigo López de Mendoza y de la Vega, fallecido en 1458, le sucede su primer hijo y heredero Don Diego Hurtado de Mendoza y Figueroa, (fue llamado como su abuelo). Fue, pues, el segundo Marques de Santillana y Conde del Real de Manzanares. Nació En Guadalajara y murió en Manzanares el Real. De mozo su padre le envió a pacificar los valles de las Asturias de Santillana.

     Enrique IV no se llevaba bien con Diego y aunque primero le expulsa de Guadalajara en 1459, le concedió en 1460 el titulo de Conde de Saldaña para los primogénitos de su Casa, (en pago al apoyo de los Mendoza) volviendo Diego a Guadalajara en 1462. Diego también lucho en la frontera de Granada.

     Como todos los Mendoza fue primeramente partidario y guardián de la princesa Juana “la Beltraneja”, pero tras el nombramiento de su hermano Pedro como Cardenal este se decanto en 1473 hacia el bando de Isabel y Fernando, y tras una entrevista secreta con Fernando (camino de Dueñas “anduvieron dos largas leguas a solas”) e Isabel (cerca de Segovia) Diego pasaría con toda su familia en mayo de 1474 a apoyar a los futuros Reyes Católicos. En estos “tejemanejes políticos” Diego siguió la línea marcada por su hermano el Cardenal Pedro.

     En la guerra civil por la sucesión al trono al morir Enrique IV, su actuación, fue agradecida por la Reina. Por ello unió en 1475 al titulo de Marques de Santillana el de Duque del Infantado, que posteriormente formaría parte de la llamada “Grandeza de España de Primera Clase” y con derecho a cubrirse con su sombrero en presencia del Rey. El titulo completo es “Duque de las Cinco Villas del Estado del Infantado”, destacando entre esas villas las de Alcocer, Salmeron y Valdeolivas. La divisa de los Duques era “Dar es señorío, recibir es servidumbre”, indicando que por sus riquezas no necesitaban servir a un señor mas alto que ellos para recibir a cambio recompensa alguna. Los Mendoza capitaneados por el duque y el gran Cardenal ayudarían en 1476 a ganar la decisiva batalla de Toro.

     El apoyo prestado por el linaje a los sucesivos monarcas de la dinastía de los Trastamaras se prolongo en una fecunda relación de Don Diego con los Reyes Católicos, quienes le concedieron títulos y riquezas, coincidiendo este periodo con el máximo apogeo económico de los Mendoza, plasmado en varias construcciones, entre ellas el palacio edificado en el centro de Guadalajara y el actual castillo de Manzanares el Real ya que el castillo viejo se habría quedado pequeño e incomodo para albergar la pequeña corte de familiares, vasallos y sirvientes que seguirían los movimientos de su señor. La reutilización de las piedras y elementos del castillo viejo debió suponer un notable ahorro en cantería para el Duque, quien además, de esta forma eliminaba lo que hubiera podido convertirse en un buen refugio para sus adversarios.

     Fue su excelente posición en la Corte la que le permitió alzar un Don Diego Hurtado de Mendoza y Figueroa, iniciador de las obras del edificio que, pese a su actual disposición palaciega interna, no podía ser interpretado, por su aspecto exterior, más que como una sólida fortificación, saltándose las disposiciones reales que intentaban limitar la construcción, por parte de la nobleza, de casas-fuertes, de potenciales refugios para los sectores menos afines a su causa.

     Casó en 1436 con Brinda de Luna, prima del antiguo enemigo de su padre el Condestable Don Álvaro de Luna, con lo que comenzaran a unirse las casas de Mendoza y Luna.

     Murió en 1479 a la edad de setenta y cinco años en el castillo de Manzanares el Real y como su propio testamento deja entrever, el nuevo castillo no había sido finalizado todavía.


DON PEDRO GONZÁLEZ DE MENDOZA

     Pasamos ahora a otro de los personajes mas relevantes de la familia Mendoza que aunque no heredero directo del castillo de Manzanares si paso largas temporadas en el convirtiéndolo en refugio de sus amoríos e imponiendo su impronta en el edificio al instalar en el los símbolos de uno de los títulos que poseyó (el de Santa Cruz de Jerusalén) que se repite en la zona superior de todas las saeteras que se abren en los muros del castillo.

     Se trata de Don Pedro González de Mendoza, quinto hijo del Marques de Santillana y hermano de Don Diego, fue llamado el “Gran Cardenal Mendoza”, así como el “tercer Rey de España” durante el reinado de los Reyes Católicos.

     Nació en Guadalajara, estudio en Salamanca y fue nombrado obispo de Calahorra en 1454, de Sigüenza en 1467 y Arzobispo de Sevilla en 1474. Fue fiel consejero de Enrique IV de quien recibió entre otras mercedes las “tercias” de Guadalajara en 1466 y por quien combate en 1467 en Olmedo, junto a su familia, contra el bando del Marques de Villena.

     Asimismo fue nombrado Cardenal de la Santa Croce en 1473 y arzobispo de Toledo y Primado de España en 1482 con los Reyes Católicos. En la Edad Media se nombraba un solo Cardenal en toda España con lo que este titulo de Príncipe de la Iglesia tenía más relevancia que en la actualidad, debiendo reparar y mantener una basílica en Roma y recibiendo las rentas que la misma proporcionaba. Incluso el rey Luis XI de Francia le concedió una abadía en Normandia (Frecamp, 1478) por su mediación en evitar una nueva guerra entre Aragón y Francia por el Rosellon.

     Aunque los Mendoza fueron inicialmente los guardianes de la princesa Juana “la Beltraneja”, hija de Enrique IV y sobrina de Isabel la Católica e importantes partidarios de Juana, fue su cambio de bando en 1473 al lado de Isabel (posiblemente tanto por las ventajas que se obtendrían a cambio de su apoyo como por ser Fernando tataranieto de Pedro González de Mendoza el de Aljubarrota, y por la intercesión a favor de Fernando del Cardenal Rodrigo Borgia, futuro Alejandro VI, y quien le lograra el cardenalato) lo que ayudo al encumbramiento de la familia, y a que Isabel lograra la corona de Castilla en 1474.

     El Cardenal se distingue tanto en la guerra civil (sitio de Zamora y batalla de Toro) como en la guerra de Granada, siendo el quien bendijo la Granada recién conquistada. Consejero de los Reyes Católicos, contribuyo al sometimiento de la nobleza y a la pacificación y grandeza del reino. El escudo del “Ave Maria Gratia Plena” de los Mendoza era respetado en toda España. Cuando los Reyes Católicos pensaron en 1477 instaurar la Inquisición por indicación del clero, le trasladaron la labor al Gran Cardenal Mendoza y se dedico a ello, de un modo evangélico mediante predicación, escuelas y la persuasión, y como no diera resultado, en 1479 fue apartado del asunto y los Reyes Católicos fundaron la Inquisición.

     Protegió y trajo desde el Convento de La Salceda, cerca de Tendilla, al prior del mismo Cisneros para ser confesor de Isabel la Católica (pues fray Hernando de Talavera, el confesor, era ahora arzobispo de Granada). Cisneros llegaría luego a Arzobispo y Cardenal.

     Alonso de Quintanilla le presento a Colon y el le presento a los Reyes Católicos, protegiéndole activamente y contribuyendo a que no fuera a exponer su proyecto a otros reinos. Fue quien le agasajo e introdujo en la nobleza al regreso de su primer viaje en 1493.

     Tres hijos conocidos tuvo el Cardenal. “Los bellos pecados del Cardenal” según Isabel la Católica. Sus nombres, y los de sus madres, han llegado hasta nosotros. Y muy nítidos, porque todos ellos alcanzaron puestos y títulos de relieve en el reino. De los amores que a partir de 1460 tuvo el joven obispo con la dama portuguesa doña Mencía de Lemos, que vino a España en ese año acompañando a la reina Juana, cuando vino a casar con Enrique IV, nacieron dos vástagos: el mayor, don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza nacido en Guadalajara hacia 1462, su nombre se debe a la pretensión del Cardenal de que los Mendoza emparentaban con El Cid Campeador; y don Diego, luego conde de Mélito y señor de Almenara, que nació en el castillo del Real de Manzanares (donde fue criado y educado) hacia 1468.

     En 1476, el Cardenal pidió la legitimación de sus dos hijos a Isabel. La Reina se lo concedió el 15 de junio El Gran Cardenal a caballo según un cuadro del colegio de la de ese año. Santa Cruz.

     En 1478, Sixto IV otorgó al Cardenal la autorización para que pudiera testar en favor de sus hijos. Y Sería su sucesor, Inocencio VIII, quien ocho años más tarde le concediera la verdadera legitimación. La Reina lo confirmó el 3 y 12 de mayo de 1487. Finalmente los Reyes Católicos concedieron a nuestro personaje la capacidad de instituir todos los mayorazgos que quisiera en favor de sus hijos. En este documento se cita por primera vez al tercer hijo del Cardenal, don Juan de Mendoza, nacido años después de la vallisoletana Inés de Tovar.

     También el Gran Cardenal Mendoza, (como casi todos los Mendoza aunque no fue su fuerte), hizo algunos poemas amorosos, posiblemente a su amante Mencía de Lemos a la que tuvo alojada en el castillo de Manzanares . Se conservan cuatro poemas y el mejor de ellos es:

Dama, mi muy gran querer Apócase mi bivir La vida mía se apoca,
en tanto grado me toca, por amar demasiado, esto causa mi querer
que no me puedo valer: no me aprovecha el seruir que en tanto grado me toca
mi bivir por se apoca. ni me aprovecha el cuidado;
vóyme del todo a perder.


     La muerte del Cardenal Mendoza, se produjo en su palacio de Guadalajara, el 11 de enero de 1495. Meses antes, casi un año antes, el Cardenal se sintió enfermo: una apostema (inflamación) de la parte de los riñones le produjo fuertes dolores y un progresivo enflaquecimiento, con fiebre, pérdida de apetito y de fuerzas, lo que progresivamente le redujo a la invalidez, a estar en cama, y a esperar la muerte que llego fatal el día dicho.
El hecho más llamativo de su óbito fue lo que se ha venido a calificar como el milagro del cardenal. Todos dicen que vieron una cruz blanca de grandes dimensiones (no como la patriarcal, sino como la del Santo Sepulcro, griega y potenzada) en el cielo, sobre el aposento de D. Pedro. Esta cruz, vista por muchos habitantes, le orientó personalmente en el momento de la muerte. En ese instante desapareció, quedando sin embargo grabada sobre la hierba del patio palaciego, como recuerdo perenne y portentoso del paso por este mundo del llamado por algunos tertius Hispaniae rex. Acompañado de los Reyes Católicos y de toda la familia mendocina, en una solemne comitiva que duró cuatro días se llevó el cadáver de don Pedro, por los helados caminos de la Nueva Castilla, hasta Toledo, para que recibieran sepultura en el lugar que él había elegido: el presbiterio de la catedral primada de Toledo. Donde hoy aún se conservan.


DON IÑIGO LÓPEZ DE MENDOZA Y LUNA

     A La muerte de Don Diego el castillo de Manzanares no estaba terminado del todo. Su fallecimiento supuso una interrupción de las obras por un cierto espacio de tiempo hasta que fueron retomadas por su hijo primogénito, Don Iñigo López de Mendoza y Luna (este paréntesis explica algunas de las transformaciones que sufrió el trazado original del castillo, la mayoría de estas encaminadas a ampliar la superficie residencial), nació y murió en Guadalajara. Se caso en 1460 con Maria de Luna, hija única y heredera de Don Álvaro de Luna, el enemigo del Marques de Santillana, uniendo las fortunas de ambas casas y acrecentando sus dominios hasta 800 lugares y 90000 vasallos. Por esta razón económica, apoyada por ser la línea de primogenitura, los demás Mendoza reconocieron a la Casa del Infantado como cabeza de todos los Mendoza, aunque no siempre la unión entre las distintas ramas familiares fuera estrecha.

     Participo asimismo en la guerra de Granada y en la escolta de la Reina Isabel. Era ostentoso y la tropa guerrera que mandaba parecía vestida para un torneo, aunque esto no era en detrimento de su eficacia militar. Edifico el soberbio Palacio del Infantado en Guadalajara y como hemos dicho anteriormente termino las obras de la fortaleza-palacio de Manzanares el Real, para lo cual contrato al arquitecto francés Juan Guas quien construyo la rica galería de estilo gótico que recorre la parte superior del muro en el lateral sur. En sus construcciones aparecen repetidas veces los escudos unidos de los Mendoza y Lunas.

     Sus descendientes fueron Grandes del Reino con una de las diez mayores fortunas y gran influencia en la Corte siendo, muchas veces, miembros del Consejo de Estado.

     Pese a la gran inversión que supuso la construcción del nuevo castillo de Manzanares, su vida tampoco fue muy prolongada. Menos de un siglo serviría este hermoso Castillo-Palacio como residencia señorial de los Mendoza. Tras la muerte del tercer Duque del Infantado (1531), su sucesor, Iñigo López de Mendoza, casado con una biznieta de los Reyes Católicos, entro en una política de grandes gestos con la monarquía (la boda de Felipe II en Guadalajara la costeo el) y, por tanto de grandes gastos. A su muerte en 1565, se entablaron largos pleitos entre sus herederos provocando que el edificio quedara en desuso y empezara un lento proceso de ruina. Para evaluar el legado, se encargo una investigación sobre las propiedades del cuarto duque que revelan este desolador panorama sobre el castillo:…después que salio della antonio Velásquez alcalde que fue de ella en el tiempo del señor duque don Iñigo queda yerma y sin morador y se a caydo y hundido…

     Desconocemos si algún otro uso tuvo el castillo posteriormente, pero no debió de proporcionarle más que ruina hasta que en 1914, el arquitecto Vicente Lampérez Romea se hiciera cargo de unas primeras obras de restauración.

     Fue declarado monumento Histórico Artístico en 1931.

     En 1965 el Duque del Infantado, Iñigo de Arteaga y Falguera, (que no lleva el apellido Mendoza) lo arrendó hasta el año 2015 a la extinguida Diputación Provincial de Madrid. En la actualidad, el Castillo depende de la Dirección General de Turismo de la Consejería de Economía y Empleo de la Comunidad de Madrid. Cuando la Diputación Provincial se hizo cargo del Castillo, su estado de ruina y abandono era lamentable, por lo que hubo que emprenderse en 1974 una ambiciosa tarea de restauración que duró tres años, según proyecto del arquitecto D. Manuel González Valcárcel. El plan de restauración pretendía devolver al Castillo su pasado esplendor, respetando la antigua distribución y los elementos decorativos de la época.

     El objetivo de este plan era que el Castillo volviera a ser un edificio con vida, en condiciones de poder ser visitado por el público y también utilizable para diversas actividades (en el castillo se firmo el Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid). Junto a algunos muebles antiguos, otros que hoy adornan las estancias y salones fueron construidos dentro de las mismas salas. Alfombras, armaduras, tapices, cuadros y otros objetos de diversa procedencia se instalaron en el Castillo como elementos decorativos. Destaca una colección de tapices barrocos del siglo XVII, originarios de los Talleres de Bruselas. Siete de ellos reflejan pasajes de la vida de Julio César, dos corresponden al repertorio de “La vida del Hombre” y el décimo es de tema bíblico.

     En la actualidad el Castillo de Manzanares el Real es escenario durante todo el año de muchas actividades públicas, congresos y seminarios, exposiciones, conciertos y actos promocionales, en la línea de mantener el Castillo como un edificio vivo al servicio de la comunidad, que haga rentables socialmente los grandes esfuerzos empleados en su restauración y conservación y en su dia mantenimiento, (tiene un salón central con capacidad para sesenta personas, una sala de reuniones para cien personas sentadas o doscientas de pie, y un bello patio central portificado en el que pueden reunirse hasta cuatrocientos invitados).

     Miles de madrileños y de viajeros de otras procedencias se acercan todos los años a visitar este hermoso monumento (unas 60.000 personas al año lo visitan actualmente), tan íntimamente vinculado a la Historia de España y de la Comunidad de Madrid.